René Orlando Houseman. El loco del Bajo Belgrano.

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René no está pasando un buen momento. Desde acá, lo mejor para este pequeño gigante del fútbol argentino.  El Loco Houseman fue un delantero tan genial como desconcertante. Un crack que jugó de la misma forma que vivió: siempre al límite. 

Por Carlos Aira (info@xenen.com.ar)

 

Una postal. La camiseta quemera con el 7. El andar desgarbado. Esas medias eternamente bajas.

La Banda. Tan sólo el manso curso del río Dulce divide la ciudad con la Capital.  Santiago del Estero, madre de ciudades. Allí nació un 19 de julio de 1953 un pibe llamado René Orlando Houseman. Alguno podrá decir que nació como vivió: en Banda. Pero todos somos producto de nuestras circunstancias. Infancia difícil que se intentaba olvidar en eternos potreros junto al río. Cuando la noche se hacía presente, el pibe René volvía enchastrado de barro a su casa. Su mamá lo bautizó Chancho. Ese fue su primer apodo ya que luego vendrían otros.

Si la vida para los Houseman eran difícil, el derrocamiento de Perón – septiembre de 1955 – agudizó la problemática. La mudanza hacia Buenos Aires fue una obligación. A comienzos de 1960 la familia embaló sus pocas pertenencias y llegó a Capital Federal. Por consejo de unos amigos, se instaló en la vieja villa del Bajo Belgrano. La misma que crecía detrás de la cancha de Excursionistas y terminaba en Figueroa Alcorta, rodeando el Campo de Golf.

La cancha de Excursionistas, allá lejos y hace tiempo. En el Bajo Belgrano estaban las once manzanas que conformaban la Villa, hogar de los Houseman.

Pero la vida en Buenos Aires no fue una panacea. El padre de René, albañil y alcohólico crónico, enfermó de poliomielitis. El pibe Houseman comenzó a ganarse la vida. En aquellos días era más sencillo para un pibe humilde conseguir laburo. Cuestión de prejuicios de una Argentina menos sectaria. Fue cadete de carnicería, sodero y verdulero. Pero siempre el potrero. Día y noche. Los viejos potreros del Bajo Belgrano estaban ubicados en forma paralela a la calle Pampa. René terminó la primaria con catorce años. En aquel 1968 llegó Excursionistas a su vida. Pero una tarde de ese año casi nos quedamos sin él. Boquense como era, el 23 de junio se fue caminando hacia el Monumental. Fue el triste clásico de la Puerta 12. Zafó de casualidad: era tanta la gente en la tribuna que saltó a la platea. Fue un salto hacia la vida ya que instantes mas tarde perdían la vida 71 personas. Hubiera sido una cruel felonía del destino que un talento como el suyo hubiera desaparecido en una cancha de fútbol.

Defensores de Belgrano campeón de Primera C 1972. Houseman es el segundo de los sentados.

En 1969, René dejó Excursionistas. Su hermano Carlos era la gran figura del equipo, pero él no era tenido en cuenta. Su cuerpo mínimo no daba garantías para un fútbol cada más físico y táctico. Sin club, pasó al rival de toda la vida: Defensores de Belgrano. Allí debutó en 1971, con sólo 17 años, descendiendo a Primera C. En el duro torneo de tercera división 1972 la rompió. Su primer gol lo convirtió el 18 de marzo, ante Argentino de Quilmes en la Barranca. Fue la figura de Defensores campeón. Su fútbol se hacía sentir: un repertorio permanente de hamaques y gambetas. Los dirigentes de equipos de Primera A peregrinaban hacia las polvorientas canchas de la categoría para ver al chiquilín de apellido gringo. En épocas donde no había exposición mediática, el apellido Houseman invitaba a ver un muchacho rubio y enorme. Se encontraban con un morochito con cuerpo de minimosca. A comienzos de 1973 lo quería River Plate e Independiente, pero fue Huracán – por expreso pedido de César Luis Menotti – quién se llevó la joya del Bajo Belgrano.

Gol de Huracán 1973. René Houseman y Roque Avallay en el Gasómetro de Avenida La Plata.

René llegó a Parque de los Patricios en un momento muy especial. Huracán 1973 fue algo sorprendente. Menotti armó un equipo que perdurará por siempre. Houseman sorprendió desde el debut. Fue el 4 de marzo, ante Argentinos Juniors en el Ducó. Huracán goleó 6 a 1 a Argentinos Juniors. El primer gol llegó la semana siguiente en el Parque de la Independencia, en el triunfo 2 a 0 ante Newells. El wing derecho ahora si estaba en el centro de escena. El mundo del fútbol sorprendido. Houseman parecía no tener articulaciones. Las medias bajas, la camiseta número 7 pegada a la raya, gambetas desfachatadas y fútbol. Mucho fútbol. Una delantera para todos los tiempos: René Houseman, Roque Avallay, Carlos Babington y Omar Larrosa. Huracán campeón luego 44 años.

 

Eternas partidas de naipes en un bar-almacén del Bajo Belgrano.

Nacía el crack. Junto a él, sus historias. Como aquella en 1974, días antes de viajar hacia la Copa del Mundo 1974. Un sábado, Menotti paseaba junto a su hijo por los Bosques de Palermo. René – que era gran figura del fútbol argentino – estaba jugando en un potrero de la villa. Un vecino, que había visto al entrenador, alertó de su presencia. Hueso – su nuevo apodo – se sacó la camiseta, se puso una camisa y se sentó en un tronco que hacía de tribuna. Se acercó Menotti y le preguntó: “René, ¿Usted no está jugando, no?”. La respuesta fue: “¡Claro que no, César!“, mientras Menotti miraba los botines y las medias barrosas.

René en la puerta de su casa. El faso, la chiquita con cara triste. El Bajo Belgrano a comienzos de los setentas.

Las historias se suman como gambetas. Huracán quiso sacarlo del Bajo Belgrano. Le alquiló un departamento en Uspallata y Sáenz. Houseman lo dejó a la semana con una excusa que sonaba a realidad: “No nací para estar preso“.  René, Chancho, Hueso, Loco. El wing que maravilló Europa en la Copa del Mundo Alemania Federal 1974. El golazo impresionante ante Italia. El que creyó ir ganando 2 a 0 al llegar al vestuario en el entretiempo, cuando en realidad igualábamos 1 a 1. En el momento que Roberto Perfumo convirtió un gol en contra, René estaba siendo atendido fuera del campo de juego retorcido de dolor. Así escuchó un grito de gol. Cuando se incorporó leyó en el tablero el nombre el nombre del Mariscal. Llegó al vestuario con una sonrisa que se contradecía con la cara de sus compañeros. Recién allí se dio cuenta de la situación.

 

Tapa de El Gráfico en 1976, junto a Miguel Ángel Brindisi.

René no fue más grande por voluntad propia. Una tarde, ante un inmenso River Plate, entró mamado a la cancha. Fue el 6 de noviembre de 1977. La noche anterior tuvo un cumpleaños en el barrio. Se quedó chupando y bailando chamamé hasta que se hizo de día. Llegó al club a las once de la mañana, sin haber podido pegar un ojo. Lo tiraron en una cama para que durmiera. Le hicieron beber termos enteros de café. José Vigo, entrenador del equipo, le preguntó si estaba para jugar. Le dijo que sí. Metió un golazo al Pato Fillol a los quince minutos y pidió el cambio, simulando una lesión.

Siempre se sintió orgulloso de su origen villero. Cuando cobró su primer dinero importante, construyó un hermoso chalet en el Bajo Belgrano. En marzo de 1978, el intendente de la ciudad, brigadier Osvaldo Cacciatore – bombardeador de la ciudad en 1955 – llevó adelante la erradicación del barrio. La excusa era que los turistas europeos no vieran miseria cerca del principal estadio de la Copa del Mundo. Las topadoras se llevaron la casa de René. Triste destino de un país donde es plausible desarraigar vidas para fortalecer la patria inmobiliaria.

25 de junio de 1978. Argentina campeón del mundo. René en la vuelta olímpica.

Entre 1973 y 1980 fue la gran figura de Huracán. Tuvo momentos de altísimo rendimiento, como en aquel 1973, pero sobre todo, en 1976. Con el globo de Newbery en el corazón jugó 266 partidos, marcando 108 goles. Fueron días de Selección Argentina. Jugó dos mundiales. Figura en Alemania 1974, donde marcó tres goles. Tuvo un nivel altísimo durante la gira internacional de 1977, pero en la Copa del Mundo 1978 no llegó a la titularidad. Ya no era el René de años atrás. Marcó uno de los goles en la goleada 6 a 0 ante Perú y fue jugó la final ante Holanda, ingresando en el segundo tiempo por Oscar Ortiz. Durante la concentración, sumó otra historia más al anecdotario. Harto de concentración, quiso escaparse de la Fundación Salvatori, pero se avivó que en la guardia había colimbas dispuestos a disparar a lo primero que se moviera. Su venganza llegó en forma de contrabando. Olga, su mujer, le llevaba tortas y facturas escondidas cada vez que lo visitaba. Las mismas se comían a escondidas junto a Daniel Bertoni, su compañero de habitación. Con la Celeste y Blanca jugó 55 partidos, marcando 13 goles.

Houseman en 1982, cuando firmó para Colo Colo. No tenía 30 años, aparentaba muchos más.

Con la década del 80, su estrella se fue apagando. Tenía sólo 27 años, pero su adicción al alcohol hizo mella. Alguna vez el periodista Juan Fazzini comentó que antes del mundial de Argentina, Enzo Bearzot, técnico de Italia, lo invitó un café. Quería saber sobre el verdadero nivel de Houseman. Fazzini fue franco: no era ni por asomo el de Alemania 1974.

Luego de un sonado caso extradeportivo, dejó Huracán. Pasó a River Plate a comienzos de 1981. Era parte de un equipo de estrellas, junto a Mario Kempes, Daniel Passarella, Américo Rubén Gallego y Ramón Díaz. Jugó tan sólo doce partidos con la banda roja, marcando un gol – golazo – ante Colón de Santa Fe en el Monumental.

En 1982 intentó reconstruir su carrera en Colo Colo. Del otro lado de los Andes lo esperaron como el crack que fue, tan sólo pudo convertir tres goles en 18 partidos. Regresó a Defensores de Belgrano un par de meses. Era una sombra del crack que había sido. Intentó continuar en Sudáfrica, jugando para el Amazulú. Regresó al país a mediados de 1983 para jugar el Metropolitano con Huracán. Pronto se peleó con Chiche Sosa, entrenador del equipo. A comienzos de 1984 le pidió un lugar al Pato Pastoriza en Independiente. Le prometió buena letra. Tenía 30 años. No cumplió. Jugó tan sólo tres partidos en el Nacional.

René vistiendo la camiseta del club de sus amores: Excursionistas.

Luego de viajar por Alemania y una oferta para el fútbol de Islandia, terminó su carrera en Excursionistas. Fueron sólo 26 minutos con la camiseta verde y blanca de sus amores. El 16 de marzo de 1985, cuarta fecha del campeonato de Primera C, en la igualdad 0 a 0 entre Excursionistas y Deportivo Armenio.

René Orlando Houseman. Un crack de antología. Digno representante de los 7 locos de nuestro fútbol. En ese olimpo se encuentra junto a Natalio Perinetti, Oreste Omar Corbatta, Raul Emilio Bernao, Claudio Caniggia y Ariel Ortega.

 

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