A 35 años del durísimo descenso de Racing Club

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El 18 de diciembre de 1983, Racing Club transitó la peor tarde de su historia. Luego de caer 4 a 3 ante su homónimo cordobés, la Academia perdía la categoría. Esa tarde fue la antesala del infierno: la policía reprimió como nunca; los hinchas respondieron con igualdad fiereza. Una jornada patética. En Xenen vamos a recordar los hechos que desembocaron en aquel histórico descenso que cumple 35 años.

Por Carlos Aira (@carlosaira11)

 

Hacía tiempo que la mano venía cambiada para la vieja Academia. Muy lejos había quedado El equipo de José. Tan lejos que esos dieciséis años que separaban 1967 y 1983 parecían una eternidad en forma de pesadilla en la Avellaneda blanca y celeste.

Ricardo Villa llegó a Racing en enero de 1977 por una cifra increíble. Fue uno de los tantos esfuerzos de una dirigencia que coleccionaba fracasos.

1973 fue un punto de inflexión. La directiva, encabezada por el presidente Nerón Sordelli, entregó a Juan Carlos Rulli la conducción del plantel profesional. El hombre de Catriló desarmó el equipo subcampeón del Metro 1972. Allí comenzó la pendiente racinguista hacia el abismo. En 1974 regresó Juan José Pizzuti, pero la realidad fue la misma: una campaña pésima. Tan malos años para Racing que en el Metro 1975 finalizó el torneo con 91 goles en contra y al año siguiente acarició un descenso que finalmente le tocó a San Telmo.

En diciembre de 1976 hubo elecciones en Racing. El presidente electo fue Horacio Rodríguez Larreta. Prometió una revolución que pareció llegar en forma de nombres propios: Ricardo Julio Villa, Daniel Killer y el regreso de dos hijos pródigos: Agustín Mario Cejas y Rubén Díaz. Para completar la esperanza, Alfio Basile era el entrenador del equipo. Pero Racing zafó del descenso en la última fecha de aquel Metropolitano 1977, luego de superar a Platense 1 a 0.

Racing 1981: Olarticoechea, Berta, Japonés Pérez, Van Tuyne, Vivalda y Veloso. Abajo: Calderón, Roldán, Barbas, Carrasco y Villarruel.

Entre 1978 y 1980, la Academia alternó más duras que maduras. La esperanza del Metro 78. Algún momento de buen fútbol del equipo dirigido por Enrique Omar Sívori con tres cracks surgidos en las divisiones inferiores: Julio Olarticoechea, Juan Barbas y Gabriel Calderón. En 1981, el equipo tenía todo para pelear arriba el campeonato. Dirigido por José Omar Pastoriza, un arquero sólido como Alberto Pedro Vivalda, un zaguero de Selección como René Van Tuyne, un volante central de probada jerarquia como José Orlando Berta y un crack de la categoría del oriental Juan Ramón Carrasco. Racing tuvo grandes partidos, pero estuvo lejos de Boca Juniors y Ferro Carril Oeste. Cuando se esperaba que la Academia fuera gran protagonista del Nacional, todo se desmadró.

18 de octubre de 1981. Gabriel Calderón grita uno de sus goles a Racing con la camiseta de Independiente.

Santiago Saccol era el presidente del club. El mismo que había conducido a Racing en su ciclo glorioso dos décadas atrás. La situación financiera del club era paupérrima. El estadio estaba clausurado por dificultades edilicias desde el mes de abril. La bicicleta especulativa de José Alfredo Martínez de Hoz se había roto y Racing – como gran parte de nuestra sociedad – comenzaba a sufrirlo en grande con los contratos en dólares, por más que el ministro Lorenzo . Saccol malvendió el capital futbolístico del club: Olarticoechea pasó a River Plate y Gabriel Calderón a Independiente. Ambos, a precio de saldo. En el caso de Calderón, dos veces mundialista, la excusa brindada fue increíble: “hay muchos como él“. La realidad fue durísma: Racing apenas pudo hacer pie en el Nacional 81. Para 1982, los grandes cracks que tenía la Academia el año anterior se habían esfumado. En su lugar, cientos de juicios laborales y refuerzos sin jerarquía: Carlos Randazzo, Manuel Rosendo Magán o Leopoldo Jacinto Luque, lejos del jugador que supo ser. En 1982, San Lorenzo debía jugar en la B.   En el Nacional 82, jugado desde febrero, la Academia terminó última en su zona, con derrotas dolorosas ante Renato Cesarini (1-5, en Rosario) y Deportivo Roca (1-3, en Vélez). Muchos se preguntaban, ¿Ese era el destino que le esperaba a Racing?

22 de enero de 1983. Racing se salva del descenso al vencer 5 a 3 a Sarmiento. Cuatro goles del Ropero Díaz.

El Metropolitano 1982 fue un suplicio para Racing. Un plantel lleno de profesionales que no cobraban. Dirigido por Carlos Cavagnaro, el equipo ganó su primer partido en la 12º fecha, cuando venció 2 a 1 a Platense en la Bombonera. Aparecían dos pibes de inferiores con jerarquía, Gustavo Costas y Carlos Caldeiro, pero la primera ardía. Rogelio Domínguez agarró el equipo promediando el torneo. Lejos estaba el entrenador lírico que fue: marca personal por toda la cancha. Con ese esquema, del cual sólo zafaban Víctor Marchetti y Mario Rizzi, Racing se salvó así del descenso. Fue el 22 de enero de 1983. Faltando dos fechas para la finalización del certamen. Cuando en un mano a mano por la categoría, la Academia derrotó 5 a 3 a Sarmiento de Junín, con cuatro goles del Ropero Roberto Díaz. En la última fecha de aquel Metro 82, Racing recibió a Nueva Chicago en cancha de Boca. Aquella noche del 5 de febrero, la actuación de los jugadores fue tan displicente, que la hinchada de la Academia cantó: “Me parece que Racing no sale campeón / por vendido / por vendido y por Saccol“. Un dato que habrá que tener en cuenta.

Contador Enrique Taddeo. Presidente de Racing Club, electo en febrero de 1983.

Pero la historia tiene una bisagra el 8 de febrero de 1983. Aquel sábado hubo elecciones en Racing Club. 3.721 socios se acercaron a votar a la sede de Mitre 934. De un lado, Enrique Taddeo; contador público, imagen pública intachable, candidato del Frente Unidad. Del otro, Enrique Cappózolo; joven empresario, dueño del complejo Las Leñas, marido de Graciela Alfano y candidato del Movimiento Académico Renovador. Dos imágenes contrapuestas: Taddeo proponia total transparencia; Cappózolo, inversiones para que Racing volviera a ser Racing. Apenas 89 votos le dieron la victoria a Taddeo. El presidente electo declaró a la prensa presente: “No le tengo miedo a los problemas que llegan porque ya hemos analizado y estudiado la situación de Racing muy bien“.

El Nacional 83 fue venturoso para Racing. Luego de un año terrible, parecía ser comenzaba una nueva etapa. En la fase de grupos eliminó a Boca Juniors. En octavos de final, la Academia enfrentó al cuco del campeonato: Loma Negra de Olavarría. Luego de caer 2 a 1 en Olavarría, goleó 4 a 0 en cancha de Huracán. Racing se posicionó en los cuartos de final del campeonato, algo que no sucedía desde 1979. En esa instancia, el equipo de Rogelio Domínguez se midió con Estudiantes de La Plata, campeón del Metropolitano 1982. Fueron dos batallas intensas y cerradas, en las cuales Racing cayó ante el futuro campeón. Mientras tanto, la Comisión Directiva buscaba apagar los incendios económicos.

Racing Proyección 86: Arriba: Zubczuk, Willener, Fernández, Garzete, Martínez, Ainciart y Leiva. Abajo: Acuña, Raffo, Calderón y De Andrade.

En mayo de 1983, Racing vivió la alegría menos pensada. Canal 11 organizó un campeonato de juveniles que llamó Proyección 86. El mismo se jugaría en estadio de Vélez Sársfield con entrada gratuita. La dirigencia de Racing no lo quería jugar, pero finalmente cedió ante la presión del entrenador Daniel Silguero y presentó un equipo. Jorge Camote Acuña, juvenil de aquel equipo, nos dice: “El primer partido fue ante Estudiantes de La Plata. Ellos tenían un gran equipo. Antes del partido, Taddeo se acercó al vestuario y nos dijo: Por favor muchachos, pierdan por pocos goles. Ganamos 3 a 0“. Los hinchas de Racing se enamoraron de aquel equipo. Ganaba y llenaba estadios. La noche del miércoles 31 de mayo de 1983 llenó el José Amalfitani en la final ante Newells. Racing ganó 3 a 1. Los pibes del club, sin ningún contacto con la primera división salvo Gabriel De Andrade y Marcos Leiva, la hinchada los pedía para jugar en Primera. Un nuevo punto de conflicto: los jugadores profesionales no se bancaron mucho el éxito de los pibes que nadie conocía.

 

Una palabra comenzó a ser terrible en la Avellaneda blanca y celeste: promedios. El campeonato de Primera División 1983 tendría descensos por esa vía. Algo que no sucedía desde 1964. El lastre del Metro 82 era terrible. Racing arrancaba desde muy abajo. Para colmo de males, uno de los ascensos de Primera B le correspondió a San Lorenzo de Almagro, que se descontaba haría una gran campaña.

Pedro Magallanes fue uno de los jugadores que llegó a aquel Racing 1983 con chapa desde Loma Negra.

La Academia contrató cuatro jugadores de Loma Negra, equipo desarmado ante la negativa AFA de sumarlo al campeonato Metropolitano. Llegaron Félix Orte, Pedro Magallanes, Osvaldo Rinaldi y Carlos Sosa. Con estos nombres, se entendía que Racing tendría la jerarquía que careció la temporada anterior. A su vez, Rogelio Domínguez decidió separar a los juveniles que habían puesto la cara en la temporada anterior: Carlos Caldeiro, Adolfo Bordón, Juan Andrés Sarulyte, José Scalise, Martín Urán y Horacio Larrachado.

Para Racing, la temporada comenzó el sábado 11 de junio. En el Parque de la Independencia, bajo un frío de justicia, Racing cayó sobre el final ante Newells. Luego de una esperanzadora igualdad 2 a 2 ante River; cayó 3 a 0 frente a Estudiantes de La Plata e igualó 1 a 1 con Argentinos Juniors. En la quinta fecha se dio la salida de Rogelio Domínguez luego de una dura derrota 1 a 0 ante Nueva Chicago en Mataderos. Con ese resultado, Racing quedaba último en la tabla de posiciones y promedios.

Para colmo de males, una lesión impensada: en una práctica, Gustavo Adolfo Costas se rompió el tendón rotuliano de su pierna derecha. Cuando volvería, era todo un misterio. Lo cierto es que no volvería a jugar en el resto de la temporada. Pasados los años, Camote Acuña arriesgó una hipótesis: “Ese equipo, si no se lesionaba Costas, salía entre los primeros y no se iba al descenso. Ese equipo con Gustavo Costas era otro equipo. Con Gustavo hubiésemos tenido muchos más puntos y nos hubiéramos salvado porque la rompía. Tuvo la mala suerte de lesionarse de gravedad porque era el alma de la defensa”. 

10 de julio de 1983. Juan José Pizzuti acompaña a Alberto González. El arquero que llegó a Racing a cambio de diez pelotas desde Renato Cesarini. Lo tuvo que cambiar en pleno partido a pedido de la hinchada.

Enrique Taddeo recurrió a un piloto de tormentas. Juan José Pizzuti, el campeón intercontinental 1967, tomó un equipo que jugaba al ritmo de unas urgencias inéditas. Su regreso se concretó el 10 de julio de 1983 ante Vélez Sársfield en Liniers. Una multitud asistió con la esperanza que el Mago Juan José salvara la situación. El grito bajó nostálgico y atronador desde la tribuna de Juan B. Justo: “Y ya lo ve… y ya lo ve“. Pero esa tarde, al estar lesionado la Pantera Carlos Rodríguez, el arquero de Racing fue Alberto González. Un muchacho que había llegado a Racing desde Renato Cesarini a cambio de diez balones de fútbol. Su actuación fue tan mala que facilitó los tres goles locales. La hinchada gritaba “Ole le / O lala / Queremos un arquero / un arquero de verdad“. Promediando el segundo tiempo, Pizzuti hizo ingresar al misionero Juan Carlos Zubczuk, arquero del Proyección, en reemplazo del rosarino.

Aquel 1983 estuvo atravesado por un hecho sin precedentes. Minutos antes del comienzo del clásico Boca Juniors-Racing Club, una bengala marina disparada desde la tribuna xeneize asesinó a Roberto Basile, un hincha de Racing de 25 años. No sólo el Promedio era un problema. Si no también un país que quería abrazar una democracia luego de siete años de violencia de estado. La primera rueda terminó para Racing con una derrota en el clásico ante Independiente. Partido jugado en cancha de Huracán. En ese momento, Nueva Chicago y el recién ascendido Temperley estaban debajo en la tabla de promedios.

 

12 de octubre de 1983. Reapertura del Cilindro de Avellaneda. El presidente de Racing, Enrique Taddeo, junto al párroco de Avellaneda.

La segunda rueda arrancó con una sonrisa. Triunfo ante Newells en Independiente. Félix Orte marcará su décimo primer gol en el torneo, y a su vez, el último. Se palpitaba el regreso al Cilindro. Jorge Porcel, de gran éxito en aquellos días, organizó la llamada “Gran noche de Racing“. El lunes 10 de octubre de 1983, desde las 21hs, el Luna Park se vistió de blanco y celeste. Con la dirección artística de Porcel y Mochin Marafiotti, decenas de artistas, casi todos ligados a Racing, se hicieron presentes. Fue la forma que encontró el club de estar unido en un momento muy complicado. En lo económico y deportivo.

El miércoles 12 de octubre, Racing volvió al Cilindro. Apenas pudo empatar ante Estudiantes 0 a 0. La tabla de Promedios ya era una espada de Damocles. Sobre todo porque Platense y Unión estaban realizando una gran campaña. Luego de perder 1 a 0 con Argentinos Juniors, el equipo de Pizzuti se jugaba la categoría en dos partidos consecutivos. En la noche del miércoles 19 de octubre venció 1 a 0 a Nueva Chicago en Avellaneda, gol convertido por el jujeño Carlos Sosa. El domingo 23, Temperley goleó 3 a 0 a Racing en el Beranger. Fue una actuación calamitosa del equipo. Muchos hinchas, comenzaron a vislumbrar aquella tarde que los esperaba una temporada de fútbol sabatino.

19 de octubre de 1983. Racing fue goleado 3 a 0 por Temperley. Muchos ya veían inevitable el descenso para la Academia.

Charly Lalo Banderas es hincha de Racing de toda la vida. Conductor de Puro Rock, en Radio Gráfica (FM 89.3) y conocedor profundo de la tribuna racinguista. Pasados 35 años, entiende que aquella derrota de su equipo ante Temperley fue el signo del futuro descenso: “Nunca me voy a olvidar de aquel partido por lo angustiante. Se me vinieron a la mente todas las imágenes de aquel mal Racing de Pizzuti, con jugadores como José Tesare, Víctor Marchetti o Mario Rizzi. Lo vi descendido y tomé nota de como estaba la institución: con la sede de avenida Mitre casi inutilizable. Con el Cilindro inhabilitado en su piso superior. Me di cuenta de todo eso en la tribuna de Temperley. También comencé a comprender el rol de Julio Grondona y la AFA”. 

En las entrañas del Beranger, el presidente Taddeo decía en tono dramático: “Si Racing se va al descenso, me muero. Mi salud no soportaría esa tragedia“. Por su parte, Juan José Pizzuti daba cuenta del pésimo momento interno del plantel: “Acá cada uno quiere salvarse y eso no es posible porque al que hay que salvar es a Racing que se lo está insultando con indisciplina, intrigas, falta de ganas y temperamento. Mi estilo siempre fue lavar los trapitos en la intimidad”. 

Práctica de Racing en aquel 1983. Pizzuti observa a Sosa, Orte, Urán entre otros.

Juan José Pizzuti era un hombre de 55 años. Tal vez con una idea a contramano del fútbol que se estilaba en aquellos días. Algunos jugadores le pedían un sistema de juego más defensivo. Desde la tribuna, pedían a los pibes. Pizzuti no quería saber nada con esa idea. Entendía que serían los jugadores grandes, los que habían metido a Racing en el problema, quienes debían sacarlo. La relación del técnico con el plantel no era la mejor: los hermanos Alberto y Oscar Gizzi no querían continuar por las continuas presiones recibidas. Félix Orte y Carlos Sosa fueron separados por el cuerpo técnico por entender que mantenían una vida poco profesional. Roberto Díaz rescindió contrato y marchó al Club Fernández Vial de Chile luego de pelearse con el entrenador. Años más tarde, el propio Ropero confesó haber golpeado a Pizzuti.

10 de noviembre de 1983. Gol de Enrique Veloso a Vélez Sársfield.

Más de cuarenta hombres. Imposible trabajar y mantener a todos contentos, sobre todo en un clima de extrema presión. Aquel equipo dio para todo. Por ejemplo, Carlos Lozano era un contador de 25 años, que hasta junio de aquel 1983 trabajaba en una financiera. Claudio Von Foerster, preparador físico y miembro del cuerpo técnico de Rogelio Domínguez, lo veía en los campeonatos internos del club GEBA. Lo invitó a probarse y quedó junto al plantel profesional.

Luego de Temperley todo pareció resignación en la Academia. Pero llegó una racha que permitió el sueño de la salvación: 0 a 0 ante Talleres en el Chateau; victoria 2 a 1 a Vélez Sársfield en Avellaneda; 3 a 1 a Rosario Central, también en el Cilindro. Días más tarde, una tercera victoria consecutiva: 1 a 0 contra Platense en Vicente López, con un muy festejado gol de Alberto Gizzi. La racha se cortó ante Boca Juniors en Avellaneda. Fue una tarde horrenda por todo el clima de violencia que se vivió en los alrededores y dentro del Cilindro. Una tormenta eléctrica brindó un marco gris plomo a una jornada donde Racing se puso en ventaja apenas iniciado el partido por intermedio de Mario Rizzi; pero no pudo aguantar el partido y terminó perdiendo 3 a 1.

20 de noviembre de 1983. El equipo de Racing que cayó 3 a 1 ante Boca. Arriba: Azzolini, Tesare, Bottaniz, Rodríguez, Castelló y Caldeiro; Abajo: Matuszyczk, Rizzi, Marchetti, Gizzi y Urán.

La desesperación de Racing motivó mil especulaciones. ¿Habrá sido cierto que referentes del plantel xeneize se contactaron con la sede de Racing para entregar el partido a cambio de un departamento? Las especulaciones se hacían carne en la tribuna. Días más tarde, cuando Racing enfrentó a Huracán en Patricios, se habría vivido una situación similar. La respuesta de Taddeo siempre fue la misma: “Racing gana los partidos en la cancha; si tengo que poner plata, quiero jugar de arquero que siempre fue mi sueño”.

Carlos González es socio e hincha de Racing de toda la vida. Consultado para este informe, recordó la actitud de su presidente: “Enrique Taddeo fue el único presidente íntegro que tuvo el club. El hombre se empacó y por derecha no le ganábamos a nadie y todos nos dábamos cuenta. Intenté putearlo la tarde del descenso y cuando me di cuenta que su delito fue la honradez, cerré el pico y me fui llorando a casa“.

Oscar Gizzi y Carlos Caldeiro. Dos de los preferidos de Juan José Pizzuti.

Ángel Leroyer, Víctor Marchetti y José Luis Tesare eran los líderes del equipo, y a su vez, los más cuestionados por la tribuna. Los tres hablaron para la revista partidaria Racing. Leer sus testimonios dan cuenta de la desesperación que vivía el club en aquellos días. Harto de estar harto, Marchetti decía: “Con franqueza, el problema no es llevarse mal o bien con el técnico de turno. Problemas hay en todos lados. Eso ocurre en cualquier trabajo, pero aquí el problema es de Racing. Porque Racing tiene gente ganadora que no se convence de lo que está pasando en los últimos años, que no lo traga. Pero es la realidad“.

Diciembre. La democracia se recuperaba luego de siete largos y duros años. Para Racing, un vía crucis: siete partidos en veinte días. Allí se jugaría la suerte de la Academia. En Avellaneda daban por descendidos a Nueva Chicago. El enemigo era Temperley. Tal vez Racing de Córdoba, que hacía 18 fechas no ganaba. Platense tenía punto y medio más de promedio. Unión, Argentinos Juniors y Platense, dos. Pero en verdad, el gran enemigo de Racing era el propio Racing y sus urgencias.

El miércoles 1 de diciembre, la Academia visitó a Ferro Carril Oeste. El equipo dirigido por Carlos Griguol superaba a Racing 1 a 0, gol de Carlos Arregui. A los 25 minutos del segundo tiempo, el línea Orville Aragno anuló un gol convertido por Alberto Márcico, quién fue expulsado por exceso verbal. Minutos más tarde, desde la platea local arrojaron una pila que impactó en la cabeza de Aragno. El árbitro Ricardo Calabria suspendió el partido. Quedaban quince minutos por delante.

 

Tapa de la revista Racing. 6 de diciembre de 1983. El país racinguista en estado de emergencia.

Si Racing quería seguir en primera debía vencer, si o si, a Huracán en el Palacio Ducó. Domingo 4 de diciembre. Fue una jornada oscura para la Academia. Tristísima. El Turco Claudio Omar García, futuro ídolo del club de Avellaneda, marcó dos goles para los locales en el primer tiempo. La hinchada racinguista dejó la tribuna apenas comenzado el complemento al grito: “Les va a pasar / les va a pasar / lo que pasó con Avallay“. En 1978, luego de un partido ante Gimnasia en Avellaneda, un hincha agarró un adoquín e hizo trizas el parabrisas del auto del goleador mendocino. Esos recuerdos aún estaban vigentes. Diego Castelló descontó, pero sobre la hora, el Cholo Converti marcó el 3 a 1 final.

Jueves 8 de diciembre. Por la tarde, Racing recibió a Instituto de Córdoba. No cabía otro resultado para los locales que ganar. Pizzuti alineó dos juveniles: Gabriel de Andrade y Horacio Larrachado. Los nervios comían cabezas y piernas. Tanto que el veterano Víctor Marchetti pidió ser separado del plantel y tomarse unos días de retiro. En el primer tiempo, el talentoso Juan José Meza pudo convertir un gol con el arco vacío, pero no lo hizo. Inexplicable. En el entretiempo, su compañero Rodolfo Rodríguez lo golpeó por esa acción. A los 15 minutos, De Andrade marcó el gol del triunfo racinguista. Había algo de aire en el fuelle.

Domingo 11 de diciembre. Raul Alfonsín había asumido la presidencia hacía veinticuatro horas. Clásico ante San Lorenzo en Liniers. El Ciclón había regresado con fuerza a la máxima divisional, tanto que peleaba el campeonato mano a mano con Independiente. Aquella tarde comenzaron a apagarse las luces para la Academia. San Lorenzo ganó 1 a 0, pero el mazazo llegó con las victorias de Nueva Chicago ante River en el Monumental; pero sobre todo, con el gran triunfo de Temperley 3 a 2 ante Newells en el Parque de la Independencia.

Martes 13 de diciembre de 1983. La única alegría de Racing. Empate épico ante Ferro en Atlanta. Un punto que parecía salvación.

Para Racing, comenzaban a ser vitales los quince minutos que restaban jugarse ante Ferro Carril Oeste. Cada punto en disputa valía oro. El martes 13 de diciembre, casi quince mil hinchas de la Academia se hicieron presentes en los tablones de Atlanta. Todo para ver si ese Racing lleno de limitaciones podía igualar ante el equipo que mejor defendía en aquellos días. Cuando terminaba el mini partido, Carlos Caldeiro logró la hazaña. Lágrimas, emoción y la idea fija de un milagro posible.

15 de diciembre de 1983. El festejo desbordante de Carlos Caldeiro. Su segundo gol agónico. Pero un empate increíble hundirá más a Racing.

No había tiempo para nada. Jueves 15 de diciembre por la noche. Racing recibió a Unión de Santa Fe. Ganar o ganar era la consigna. Pizzuti había indultado al Pampa Orte. A los diez minutos del segundo tiempo, Víctor Marchetti abrió el marcador. Igualó Fernando Alí, cinco minutos más tarde. Tensión. Nueva Chicago derrotaba a Racing de Córdoba en Mataderos. En Banfield, Temperley igualaba ante San Lorenzo sin abrir el marcador. Faltando cinco minutos, el Loco Caldeiro conectó un centro de Orte y convirtió Avellaneda en un tembladeral. Abrazos y lágrimas. ¡Racing no se va! bajaba desde las tribunas. Pero sucedió lo impensado: una increíble desinteligencia entre los centrales Diego Castelló y José Tesare dejó solo a Miguel Brindisi con la Pantera Rodríguez. Partido 2 a 2.

18 de diciembre de 1983. Gol de Magallanes. Cuando Racing estaba en partido.

Llegó el domingo 18 de diciembre de 1983. Racing Club recibió a su homónimo cordobés. Temperley enfrentaba a River Plate en el Beranger. Ambiente duro en las tribunas. La sensación de descenso flotaba en el ambiente. Para colmo de males, en la madrugada de aquel domingo, el arquero Carlos Rodríguez recibió una dura noticia en la concentración: su familia había sido asaltada en su hogar y su esposa se encontraba internada. La cosa estaba mal parida para los locales. Pasadas las cinco de la tarde, comenzó el partido. Racing, camiseta azul con mangas blancas. La Academia de Nueva Italia, bastones celestes y blancos. A los seis minutos de juego, Atilio Oyola abrió el marcador para la visita. Estupor. Racing fue a buscarlo. Lo dio vuelta en veinte minutos, goles de Pedro Remigio Magallanes y José Luis Tesare, de tiro libre.

Pero el segundo tiempo fue lapidario. Los cordobeses salieron a jugar. De la mano de Miguel Seronero y el talento de Roberto Gasparini, apabullaron a los locales. Eduardo Maldonado igualó a los ocho minutos. Instantes más tarde, Patito Gasparini dio vuelta el partido. Con la derrota parcial y la igualdad en Temperley, el descenso se definía en la última fecha. Pero llegó el baldazo: Néstor Scotta – ex goleador de Racing Club entre 1973 y 1976 – había marcado el gol con el cual los Celestes derrotaban a River Plate. Con esos resultados, Racing descendía. La Araña Luis Antonio Amuchástegui marcó el 4 a 2 con una soberbia emboquillada ante la salida de Miguel Ángel Wirzt.

Los últimos minutos fueron demenciales. Desde el anillo inferior del Cilindro, el único habilitado, arreciaban los insultos. Los blancos predilectos fueron Tesare y Marchetti, indicados por la tribuna como responsables del descenso por desgano. Faltando diez minutos para la finalización del encuentro, la temible Guardia de Infantería fue ocupando posiciones.

 

Cada hincha de Racing vivió aquellos minutos finales con una mezcla de llanto, resignación y bronca. Hasta que faltando cinco minutos para el tiempo reglamentario estalló el Cilindro. El desencadenante fueron unos pibes que quisieron saltar el foso hacia el campo de juego. En aquellos días, sólo había alambrado detrás de los arcos. En el momento que la Guardia de Infantería se prestaba a capturar a los intrusos, Diego Castelló descontó. La esperanza se tradujo en avalancha y gritos. Las nunca muy dotadas fuerzas de la dictadura, hijas del tétrico general Ramón Camps, creyeron que esa avalancha era una agresión hacia ellos, comenzando la más terrible y sangrienta represión que se tenga recuerdo en una cancha.

La policía, sin compasión, repartió palos a diestra y siniestra. La Guardia Imperial se replegó y comenzó un violento contraataque: volaron sillas de madera, tubos donde se guardan las botellas de Coca Cola, radios portátiles. Hasta pedazos de mampostería del estadio. Sin mensurar lo que estaba sucediendo, el árbitro Teodoro Nitti continuaba el partido. Hasta que llegaron los gases lacrimógenos. Los hinchas no sabían como salir de ese infierno del Dante: la represión se cristalizó en esos malditos gases, perros y caballos de la Policía Montada dentro de la tribuna.

18 de diciembre de 1983. El llanto de Mario Rizzi.

Fuera de sí, los hinchas de Racing se quedaron en el estadio peleando contra la policía. El periodismo también fue víctima de las iras. Quique Wolf, en ese momento cronista de Radio Continental, fue insultado duramente por un viejo juicio al club. La cabina de Miguel Ángel De Renzis fue literalmente destruida a piedrazos. Quien peor la pasó fue un entonces ignoto periodista de Radio Rivadavia que pidió clemencia por su vida. Era Marcelo Tinelli, quién se retiró llorando y en medio de una crisis nerviosa del pandemonio.

Sangre y ensañamiento policial. Hombres, mujeres y niños heridos por bastones policiales. La tarde más bochornosa en la historia de la Academia se llenaba de asco. Asco que dio el accionar policial, extralimitado como nunca. Asco por la respuesta de una hinchada lacerada por el descenso de su Racing, que no tuvo prurito alguno en responder la agresión.

Luego de una larga hora llegó la calma. Sólo grupos aislados pedían la cabeza de los jugadores. El vestuario de Racing era un velorio: Esteban Solari descompuesto de tanto llorar. Mario Rizzi vomitando por los nervios. El secretario Luis Bruno declaraba: “En diez meses, mientras en éste país se clausuró la cancha de Boca Juniors, River Plate tiene un promedio bajísimo, Huracán está a punto de ser rematado, nosotros abrimos la cancha con esfuerzo y sacrificio. Pero ahora espero que se respeten los promedios para el año que viene. Hoy le tocó a Racing, pero no se dude mañana si le toca a River. Pasarán 28 años, y River bajará a segunda división por el uso del promedio.

Miguel Angel Wirtz tenía sólo dos partidos en Primera División aquella tarde. Tuvo que poner la cara y ser titular aquella tarde. Entrevistado por Xenen recordó: “El día del descenso exploté. Fue terrible. Fue la primera vez que vi correr a la policía en un estadio. Nos tiraban piedras, y yo me tiré de cabeza al túnel. La sensación cuando llegué al vestuario fue de angustia. Una angustia terrible. Era todo impotencia. Nunca vi un vestuario así. Recuerdo que Tita estaba destruida. Parecía el funeral de un ser querido. Al otro día fui a la cancha. Estaba toda la platea rota, y tengo un recuerdo tristísimo: los carnets rotos”.

Hubo responsables futbolísticos del descenso de la Academia. Jugadores que no dieron la cara días después, cuando Independiente se consagró campeón del Metropolitano 1983 enfrentando a la Reserva de Racing. Donde nadie aceptó responsabilidades fueron en el seno de la policía de Avellaneda. Esa misma que se negó a capitular a pesar que una semana atrás, Raúl Alfonsín había jurado como Presidente constitucional de la Nación. En esa vergonzosa tarde quedó evidenciado que la dictadura resistía y la violación de Derechos Humanos era palpable. El comisario Osvaldo Bajo, a cargo de la 1º de Avellaneda, fue quién estuvo a cargo del operativo. Minimizó la represión: “Para acentuarse más el argumento que la represión no fue tal, puedo decirles que, por ejemplo, no se utilizaron los efectivos de Caballería no la División Perros, que estaban en la cancha pero no participaron de la represión”.

 

20 de diciembre de 1983. Oscar Gizzi y Lito Bottaniz de civil en la práctica. Dos grandes que no quisieron jugar la fecha final contra Independiente.

El descenso caló muy hondo en Avellaneda. La mayoría de los jugadores habían decidido finalizar su vínculo con el club en forma unilateral. ¿Quien se animaba a salir a la cancha de Independiente para una segura humillación? En la primera práctica, realizada en Obras Sanitarias, Oscar Gizzi declaró: “Yo no quiero jugar. No estoy bien animicamente“. Por su parte, Lito Bottaniz decía: “No voy a jugar, no me encuentro bien“. José Luis Tesare, uno de los más castigados por la tribuna la tarde del descenso, decía: “¿Con qué garantías puedo jugar? Yo me quedo en casa. El 31 quedo libre y veo que hago. No soy de arrugar, pero el domingo tuve miedo. Si la policía no reprime como lo hizo, no estaríamos contando el cuento”. También habló Juan José Pizzuti, quién intentó mirar el futuro: “Hay que seguir adelante sin buscar culpables. Aquí nos equivocamos todos y hay que superar el trance. Apoyar a la institución, que es lo que vale”. 

22 de diciembre de 1983. Arriba: Veloso, Matuszyczk, Caldeiro, Castelló, Rodríguez y Campos Aquino; Abajo: Solari, Larrachado, Urán, De Andrade y Lozano

El que habló fue Carlos Caldeiro. El pibe surgido en el club, dijo lo que le salió de adentro: “Culpables de éste descenso son todos aquellos que no estuvieron a la altura de la grandeza de Racing. Acá hubo una negligencia total en materia de dirección técnica. Primero con Cavagnaro y luego con Dominguez. Parecen mentira todas las equivocaciones que vi, ¡Si con Cavagnaro sacamos dos puntos de veintidós en juego!”; Agregó: “Hay cuarenta profesionales. Yo no quiero discutir el nivel de cada uno de ellos, pero evidentemente se trabajó mal. Entre tantos jugadores se armaron grupitos. Hubo infinitos problemas y arreglos complicados. Además, cierta inseguridad, porque nunca jugamos más de dos partidos seguidos con el mismo equipo”. 

Finalmente, aquel jueves 23 de diciembre de 1983, Racing salió a jugar la última fecha del campeonato con un equipo de emergencia. Juan José Pizzuti alineó a quienes se animaron a salir: Carlos Rodriguez; Juan Esteban Solari, Diego Castelló, Enrique Veloso, Jesús Campos Aquino; Carlos Caldeiro, Ricardo Urán y Gabriel De Andrade; Horacio Matuszyczk, Carlos Lozano y Horacio Larrachado. La historia es conocida: Independiente venció 2 a 0, se consagró campeón del Metropolitano 1983 y gozó el descenso del vecino de toda la vida.

22 de diciembre de 1983. Ricardo Giusti convierte el primer gol rojo. Racing al descenso, Independiente campeón.

Hernán Valerga, conductor de Puro Rock II, en Radio Gráfica, pone punto final al informe: “Mi gran desilusión fue cuando el trinomio Taddeo-Marchini-Vinagre le ganó por muy pocos votos a Capózzolo-D´Annunzio, la fórmula que yo creía más capaz y renovadora. Aquel 1983 fue de terror. Todas en contra. Mientras se juntaba plata para volver al Perón, el equipo perdía partidos claves. Los finales de partido eran angustiosos. La barra puteaba y pedía resultados. Yo, que era un pibe, me enteraba en la misma tribuna que jugadores de equipos contrarios venían a Avellaneda con la intención de arreglar partidos y Taddeo no tranzaba. Era una época de muchos errores dirigenciales propios y ajenos. La canción que más se gritaba era: “Si a Racing lo tiran al bombo, va a haber quilombo, va a haber quilombo”. El partido que no puedo olvidarme es la noche contra Unión. La tarde de Racing de Córdoba, la hinchada le tiraba piedras a los jugadores. Ahí comenzó la represión. La barra se agrupó en la zona de las cabinas viejas y fue un combate, pero más quilombo hubo afuera. Lo único que recuerdo es volver a casa como si nada y al rato me fui a la parada de diarios que atendía Carlitos, hincha de la Academia, y esperar La Razón para darme de lleno con la realidad. No fui contra los vecinos a la Doble Visera. Me tomé el 95 y fui a la sede donde había varios de la barra y también otros hinchas. Yo tenía mi portatil y escuchaba lo que pasaba en el partido. Perdimos y salieron campeones. Al rato ellos festejaban y aparecieron unos hinchas cualquiera de Independiente con una bandera flamante de cuarenta metros de largo a gastarnos en la puerta de la sede. Recuerdo a Domínico que les robó el trapo. Eso fue lo único positivo. Nuestro trofeo en una tarde horrenda”.

Racing pasará dos temporadas en la Primera B. El 27 de diciembre de 1985 regresará a la máxima divisional. Gustavo Costas, Jorge Acuña, Carlos Caldeiro, Miguel Ángel Wirtz y Félix Orte fueron los únicos jugadores que vivieron el calvario del 83 para revivir en el 85.

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