Copa América 1937. A 80 años de una final histórica

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En la madrugada del 2 de febrero de 1937, una final memorable. En el Gasómetro de Avenida La Plata, Argentinos y brasileños dirimieron el Campeonato Sudamericano. Un partido escandaloso que debió ser suspendido en dos oportunidades y fue definido por un pibe de 19 años llamado a hacer historia: Vicente De la Mata. Ocho décadas de rivalidad futbolística

Por Carlos Aira (info@xenen.com.ar)

 

La década del treinta quedó en la historia como infame. Para la historia oficial del fútbol, el comienzo del mal llamado profesionalismo. La creación de la Liga de Fútbol Profesional, paralela a la Asociación de Football Amateur, dueña de la filiación internacional.

José María Minella y José Nasazzi. Capitanes de Argentina y Uruguay. Final del Sudamericano 1935. Luego de seis años, en Lima regresaba la competencia continental.
José María Minella y José Nasazzi. Capitanes de Argentina y Uruguay. Final del Sudamericano 1935. Luego de seis años, en Lima regresaba la competencia continental.

Una década en la cual el conflicto interno de nuestro fútbol arrastró al continente: recién en 1935, con la unificación de nuestro fútbol el 4 de noviembre de 1934, se volvió a organizar el Campeonato Sudamericano. Luego de seis años de parate, Perú fue la sede del campeonato continental. El certamen se lo llevó Uruguay. La revancha estaba a la vuelta de la esquina: Argentina era el país organizador de la Copa en 1936.

El campeonato oficial de 1936 tuvo la particularidad de desdoblarse. Pasarán los años y la historia se repetirá: entre 1967 y 1985 se disputaron Metropolitanos y Nacionales. Entre 1990 y 2014, Apertura y Clausura. En aquella temporada hace más de ocho décadas, los torneos se llamaron Copa Campeonato y Copa de Honor.

Por cuestiones económicas, los dirigentes no quisieron para durante un mes el campeonato. La última fecha oficial de aquel 1936 se disputó el 14 de diciembre. Ahora si: era momento de disputar la 14º edición del Campeonato Sudamericano.

El Gasómetro vacio e iluminado. El Sudamericano 1937 fue el primero que se jugó en horario nocturno.
El Gasómetro vacio e iluminado. El Sudamericano 1937 fue el primero que se jugó en horario nocturno.

Junto a nuestro seleccionado, participaron Brasil, Perú, Paraguay, Uruguay y Chile. Por el calor reinante era necesario jugar en horario nocturno. Una de las pocas canchas con iluminación artificial era el Gasómetro de Avenida La Plata. También, por el calor, se aceptaron cambios en los segundos tiempos. Para algunos partidos, en horario diurno, se jugarían en el estadio riverplatense de Tagle y Alvear.

El campeonato comenzó el domingo 27 de diciembre de 1936. En San Lorenzo, Brasil y Perú abrieron el campeonato. Jugaron un partidazo que cerró con victoria brasileña por 3 a 2. Tres días mas tarde, nuestro seleccionado venció 2 a 1 a Chile, goles de Francisco Pancho Varallo. ¿Cómo formó Argentina aquella noche? Anoten: Juan Estrada; Oscar Tarrio y Juan Iribarren; Antonio Sastre, José Minella y Celestino Martínez; Carlos Peucelle, Francisco Varallo, Bernabé Ferreyra, Alejandro Scopelli (luego Roberto Cherro) y Enrique Chueco García.

LDT 1937 vs Peru

El 1 de enero, sorpresa: Paraguay derrotó 4 a 2 a Uruguay. El 9 de enero, los guaraníes sucumbieron ante el poder argentino. 6 a 1, goles convertidos por Alberto Zozaya (tres goles), Alejandro Scopelli (2 goles) y Chueco García. Uruguay, rival por el título, fue goleado sorpresivamente por Perú. Con los orientales fuera de carrera, Brasil era el rival por el título.

Por jugarse en época estival, se aceptaron los cambios. Los jugadores brasileños echados en la gramilla de San Lorenzo. Algunos, fumando.
Por jugarse en época estival, se aceptaron los cambios. Los jugadores brasileños echados en la gramilla de San Lorenzo. Algunos, fumando.

El 13 de enero, Brasil goleó 5 a 0 a Paraguay. Al día siguiente, vencimos 1 a 0 a Perú, gol de Zozaya. Tres jugados, tres ganados. Seis puntos. Igual que Brasil. El 19 de enero, Brasil derrotó 3 a 2 a Uruguay. Nosotros debíamos enfrentar a los celestes cuatro días mas tarde. Ante la sorpresa de todos, caímos 3 a 2. El Clásico Rioplatense es un mundo aparte.

En la última fecha, debíamos medirnos con Brasil. Solo servía un resultado: vencer a ese seleccionado que aun jugaba con camiseta blanca.  Los brasileños jugaron la Copa sin sus dos grandes figuras, el defensor Domingos Da Guía – campeón con Boca Juniors en 1935 – y Leonidas Da Silva, el Diamante Negro. Pero el tridente ofensivo era de temer: Fantoni, Tim y Patesko.

30 de enero de 1937. El equipo que venció 1 a 0 a Brasil, permitiendo el desempate. Tres veteranos Profesores en el equipo titular: Guaita, Scopelli y Zozaya. Varallo y el Chueco miran para abajo. La pelota blanca para jugar de noche.
30 de enero de 1937. El equipo que venció 1 a 0 a Brasil, permitiendo el desempate. Tres veteranos Profesores en el equipo titular: Guaita, Scopelli y Zozaya. Varallo y el Chueco miran para abajo. La pelota blanca para jugar de noche.

Cuando cayó la noche del sábado 30 de enero de 1937, una multitud ya había colmado los tablones sanlorencistas. Más de setenta mil espectadores para ver el partido definitorio. El Negro Manuel Seoane oficiaba como entrenador, pero el equipo lo armaban los dirigentes. Medio equipo afuera. Los once para ganar o ganar fueron Fernando Bello; Oscar Tarrio y Juan Iribarren; Antonio Sastre, José María Minella y Celestino Martínez; Enrique Guaita, Francisco Varallo, Alberto Zozaya, Alejandro Scopelli y Enrique García. Fue el propio Chueco, comenzada la segunda etapa, quién marcó el único gol que determinó la victoria nacional.

Brasil aun jugaba de blanco. El wing izquierdo Patesko era una de las grandes figuras de su equipo.
Brasil aun jugaba de blanco. El wing izquierdo Patesko era una de las grandes figuras de su equipo.

Igualados en puntos, la reglamentación señalaba la necesidad de un partido desempate. El mismo debía jugarse cuarenta y ocho horas más tarde. Fue así que la noche del lunes 1 de febrero, nuevamente la multitud colmó el Gasómetro. Luis Fazio – central de Independiente – ingresó por Iribarren. Ernesto Lazzatti por Minella. Roberto Cherro por el Conejo Scopelli.

En la previa, los brasileños se quejaron del árbitraje. Por reglamentación debía ser nuevamente el uruguayo Anibal Tejada quien conduciera las acciones. Para no generar controversias, Luis Angel Mirabel dirigió el encuentro.

Fue un partido intenso. De dientes apretados. Cualquier chispa podía desatar el incendio. En el Sudamericano de 1925, el último partido entre argentinos y brasileños se había desmadrado. Partido jugado en cancha de Sportivo Barracas. En Héroes de Tiento se puede leer: “Los golpes volaron en todas direcciones. El campo de juego de Sportivo Barracas fue inmenso ring de lucha libre. El más desaforado fue el brasileño Pamplona. Cuando la situación pareció componerse, el defensor Helcio golpeó en la espalda a Cerrotti. Nuevamente el caos. Pasada casi media hora, el árbitro uruguayo Manuel Chaparro continuó el partido sin expulsados”.

El tenso saludo entre los capitanes Enrique Guaita y Barbosa. El partido se desmadró en escándalos. Una final, que ocho décadas más tarde, es leyenda.
El tenso saludo entre los capitanes Enrique Guaita y Barbosa. El partido se desmadró en escándalos. Una final, que ocho décadas más tarde, es leyenda.

Apenas comenzado el partido, el zaguero brasileño Britos bajó de una patada a Cherro. La respuesta de Cabecita de Oro fue otra patada. El árbitro pidió serenidad sin expulsar a los futbolistas. A los 13 minutos fueron García y Barbosa, el otro central brasileño, quienes comenzaron a pelearse. Ese clima de nervios se desmadró a los 36 minutos del primer tiempo: violenta infracción de Domingos Spitalletti a Pancho Varallo. Todos los futbolistas a los golpes, incluidos suplentes. Algunos muchachos saltaron el alambrado y se metieron en el campo de juego. Los futbolistas visitantes corrieron en estampida hacia el túnel.

Luego de cuarenta largos minutos, el partido se reanudó. A esa altura, una enorme cantidad de policías rodeaban el campo de juego. Pero tan solo dos minutos después de la reanudación, un nuevo incidente. Violento foul de Brandao a Máximo Zozaya que el árbitro no cobró. El brasileño se lanzó al ataque perseguido por Cherro quién se lanzó con sus dos pies hacia adelante buscando el balón. Otro foul violento. Pero está vez Cunha agredió a Cherro con una trompada en pleno rostro. Una nueva gresca. Luego de otros largos minutos, el árbitro decidió dar por terminado el primer tiempo. Aun restaban por jugarse seis minutos de partido oficial.

Cambio para el segundo tiempo. Carlos Peucelle ingresó por un muy nervioso Cherro. Minutos más tarde, ante la insistencia general, el veterano Bernabé Ferreyra ingresó por Don Padilla Zozaya. El cero seguía sin quebrarse. Faltando seis minutos para la conclusión del partido – y con el tiempo suplementario como una realidad – ingresó el joven Vicente De la Mata por el lesionado Pancho Varallo. Este será un cambio fundamental.

De la Mata y Gabino Sosa. La camisa de Central Córdoba de Rosario.
De la Mata y Gabino Sosa. La camisa de Central Córdoba de Rosario.

El pibe De la Mata, 19 años cumplidos el 15 de enero, era la figura de Central Córdoba de Rosario. Debutó en la primera del club de barrio La Tablada en 1935, armando ataque junto a una gloria que se despedía: Gabino Sosa. El día siguiente de su cumpleaños fue el partido con Perú. Ingresó en el segundo tiempo por Roberto Cherro. Apenas tocó la gramilla, se le acercó el Cuila Sastre, figura de Independiente. Le dijo: “Pibe, juntate conmigo que entre los dos vamos a hacer capote”. Nacía su apodo para la eternidad. Al día siguiente, De la Mata firmó contrato con los Rojos de Avellaneda. El pase se pactó en 27.000 pesos, mucho dinero para un juvenil.

De la Mata había sido titular en la derrota ante Uruguay. Su actuación no fue la mejor. En el entretiempo fue reemplazado por Alberto Zozaya. Se deprimió: “Cuando me sacaron con los uruguayos, me desmoralicé. Sudado, me quedé a ver el segundo tiempo. Me enfermé, no sé si de enfermedad o de amargura. Ahora hice los goles, pero yo quería jugar más, y no jugué“, declaró tiempo después a El Gráfico. Pero aquella noche final ante Brasil, la gloria fue toda de él.

Vicente Capote De la Mata. 19 años. Héroe del Sudamericano 1937. Hace 80 años.
Vicente Capote De la Mata. 19 años. Héroe del Sudamericano 1937. Hace 80 años.

El tiempo reglamentario finalizó 0 a 0. Se debían jugar dos suplementarios de quince minutos. Faltaban veinte minutos para la una de la madrugada del martes 2 de febrero. Cuatro minutos de juego. Peucelle tocó al Chueco García. En velocidad superó a Britto y Barbosa. Centro alto para Bernabé Ferreyra, que fue anticipado por el arquero Jurandyr. La pelota que queda boyando y el remate de De la Mata hacia la red. 1 a 0. Cuatro minutos mas tarde, el segundo gol argentino. Centro de Peucelle que fue conectado por el rosarino. Delirio en las tribunas. Miles de antorchas que saludaban al campeón continental. Eran casi las dos de la madrugada.

Trasvasamiento generacional. El abrazo de Bernabé Ferreyra a Vicente De la Mata.
Trasvasamiento generacional. El abrazo de Bernabé Ferreyra a Vicente De la Mata.

Una vez en el vestuario, la foto histórica: Bernabé, el veterano de mil batallas, abrazando al pibe que comenzaba a hacer historia. El trasvasamiento generacional. Las figuras que comenzaron en el estertor del llamado amaturismo se despedían de la selección nacional: Enrique Guaita, Alberto Zozaya, Alejandro Scopelli, Bernabé Ferreyra, Carlos Peucelle y Pancho Varallo. Comenzaba otra etapa, inmensa para el fútbol argentino.

Aquella noche, hace ya 80 años, nació la rivalidad con Brasil. Durante casi una década, los superamos sin contemplaciones. Tan sólo en un partido de Copa Roca 1939 – muy irregular – nos lograron vencer 3 a 2. Pero las estrategias internacionales de las federaciones fueron distintas. Ellos viajaron a la Copa del Mundo Francia 1938. Fueron la gran revelación. Con el veterano Domingos da Guía en el fondo y el gran Leonidas como goleador. La FIFA decidió, luego de los Juegos Olímpicos de Berlin 1936, que Francía debía organizar el Mundial de Fútbol 1938. Nosotros teníamos razones para organizar aquel mundial. La alta política nos postergó. No viajamos. Nunca sabremos si aquella generación de futbolistas argentinos, Capote De la Mata incluido, hubieran sido campeones mundiales 1938.

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