1989. Cuando el clásico rosarino se mudó a Buenos Aires

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En Junio de 1989 la hiper-inflación azolaba la Argentina. Rosario, con su enorme cordón desindustrializado, fue el epicentro de las más violentas reacciones sociales. Por la liguilla pre-Libertadores debían jugar Newell´s y Rosario Central. Por seguridad, AFA decidió que el clásico se mudara a Buenos Aires. Recordamos aquellos dos partidos tan singulares y olvidados en el tiempo.

Por Carlos Aira (info@xenen.com.ar)

 

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El lunes 12, el Presidente Raul Alfonsín renunciaba a la Presidencia de la Nación. El país era un cráter. Carlos Menem iba a asumir antes del 10 de Diciembre previsto.

Aquel 1989 fue inolvidable para los argentinos. No hubo triunfo deportivo para recordar, si no un caos socio-económico inédito en la historia moderna de nuestro país.  Para el año 1988 el Plan Austral – aquella decisión económica tomada por el gobierno alfonsinista – hacía agua. Todo se desmadró el 1 de febrero de 1989 con una escalada imposible del dólar. El radicalismo había llegado al gobierno en diciembre de 1983 ya pensaba la retirada con la menor cantidad de golpes posibles. Un imposible. Resistir el ataque de la patria financiera era pedirle a Juan Martín Latigo Coggi, campeón Welter Juniors de aquellos días, que aguantara un par de rounds al invencible Mike Tyson.

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El clima social en Rosario era insostenible. Los saqueos estaban a la orden del día. AFA decidió que el clásico debía jugarse en Buenos Aires.

 El domingo 14 de mayo se realizaron las elecciones presidenciales. La fórmula justicialista Carlos Menem-Eduardo Duhalde se proclamó vencedora. En esos días los saqueos fueron moneda corriente en el conurbano bonaerense y rosarino. En junio la desocupación creció un 1.300% (leiste bien: mil trecientos); la inflación era incalculable. La televisión alemana tomó una imagen para la historia: en las barriadas rosarinas se faenaban gatos para comer. Desde ese momento, cayó sobre los rosarinos el apodo de Comegatos.

A pesar de todo – y como no podía ser de otra manera – la pelota seguía girando. Independiente aún festejaba el campeonato 1988/89. Para aquella temporada, AFA reglamentó dos liguillas. Una Pre-Libertadores y otra Clasificatoria a aquella Liguilla. La idea fue que todos los equipos siguieran jugando, y por lo tanto, seguir generando algún ingreso.

Domingo 11 de junio de 1989. Cancha de Vélez. El remate de Gerardo Martino pega en el travesaño canalla. El Tata jugó un partido bárbaro visto apenas por un puñado de espectadores.
Domingo 11 de junio de 1989. Cancha de Vélez. El remate de Gerardo Martino pega en el travesaño canalla. El Tata jugó un partido bárbaro visto apenas por un puñado de espectadores.

El fixture de la Liguilla Clasificación emparejó a Rosario Central y Newells. Los canallas debían recibir a leprosos el domingo 4 de junio. La policía, bajo ninguna circunstancia, podía garantizar la seguridad del partido. AFA lo postergó. Finalmente, el jueves 6 decidió que ambos clásicos debían jugarse en Buenos Aires. No era la primera vez que el gran partido rosarino se jugaría en Capital Federal. El mítico gol de Aldo Pedro Poy se marcó en el Monumental de Núñez. Pero sí fue la única vez que se jugó en Buenos Aires ante la falta de garantías para hacerlo en Rosario.

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El primer clásico se jugó bajo estrictas normas de seguridad. Miércoles 11 de junio de 1989. Estadio de Vélez Sársfield. El país estaba en Estado de Sitio. La barra de Rosario Central fue detenida en los alrededores del estadio José Amalfitani. Cuando la policía quiso requisar el micro se armó un quilombo inolvidable. El clásico rosarino se jugó ante poco más de ocho mil espectadores, la gran mayoría porteños que querían olvidar tanto caos y presenciar un gran partido.

Newells, de la mano del Tata Martino, fue mucho más que Central. El mismo Tata abrió el marcador con un hermoso gol. El Pichi Osvaldo Salvador Escudero, de arremetida, empató cuando faltaban pocos minutos para el cierre del clásico. Solo había tiempo para volver al hotel y descansar. Cuarenta y ocho horas después volverían a verse.

UNA REVANCHA MIENTRAS EL PAIS ARDÍA

ldt-1989-nob-central-victor-rogelio-ramosEl lunes 12, el presidente Raul Alfonsín renunció a la presidencia de la Nación. La Argentina era un cráter. Carlos Menem adelantaba su gabinete: Domingo Cavallo, quién siendo presidente del Banco Central estatizó la deuda privada en 1982, Ministro de Relaciones Exteriores. Luis Barrionuevo iba a Seguro Nacional de Salud. Amalia Lacroze de Fortabat fue declarada embajadora itinerante. Salariazo y Revolución Productiva ya eran parte de las grandes mentiras argentinas.

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A las 15:30 del martes 13 de junio, Newells y Central salieron al campo de juego de Ferro Carril Oeste. Para este partido, las tribunas estuvieron más pobladas. No de hinchas tradicionales, sino barras. Los canallas junto a San Lorenzo y Chacarita Juniors. Los leprosos con una dupla singular: Argentinos Juniors y Platense.

Fue un partidazo. Lleno de goles. Newells ganó 5 a 3. Abrió el marcador Rosario Central con gol en contra del Chocho Llop. Empató Blas Taffarel de penal. En el segundo tiempo pasó de todo. A los cuatro minutos, se escapó el Ciego Fullana por derecha, mandó el centro y nuevamente Taffarel. Tres minutos después, un joven Gabriel Omar Batistuta la paró de pecho en el área y fusiló al Doctor Alejandro Lanari. El mismo gol que haría mil veces más. 3 a 1. Descontó Juan Antonio Pizzi tras gran jugada de David Bisconti. El veterano Víctor Rogelio Ramos pondría el 4 a 2 de cabeza, tras centro de Bati. Rosario Central sufrió las expulsiones de Pizzi y Bisconti. Con nueve jugadores, descontó Edgardo Bauza de tiro libre. 4 a 3. Sobre la hora, cuando Central buscaba una hazaña histórica, Gabriel Batistuta marcó el 5 a 3 final. Las camisetas leprosas fueron a para la tribuna. El clásico nunca más volvió a jugarse fuera de Rosario. El lugar donde nunca debió salir.

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