Fútbol | Navidad a las piñas

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Por Carlos Aira (*)

El 25 de diciembre no es una fecha futbolera. Pero si escarbamos la historia nos encontramos que hubo un puñado de partidos oficiales que sortearon el recogimiento cristiano por el nacimiento de Jesús y la comilona de la noche anterior.

Todos fueron allá lejos y hace tiempo. Con la ayuda de @PepePeglia – un grande en esto de buscar partidos olvidados – podemos recordar algunos de estos encuentros. Por ejemplo, en la navidad de 1921, Gimnasia y Platense igualaron sin goles. Casi a desgano. Esa tarde se jugaron otros partidos. Anote: River Plate goleó 5 a 1 a Barracas Central cuando los riverplatenses aun no se habían ido de la Boca y eran Dárseneros. Ni Aristócratas y mucho menos Millonarios. Esa misma tarde, Tigre derrotó 2 a 1 a Estudiantes (que no era de Caseros); mientras que Vélez Sársfield y San Lorenzo igualaron sin goles. La particularidad de éstos últimos tres encuentros, nos aclara @PepePeglia, fue que los dirigieron jueces improvisados. Cusifais de la tribuna. Los árbitros designados quedaron esgufiados luego de la comilona de nochebuena.

En 1927 volvieron a jugarse un puñado de partidos navideños. La falta de fechas siempre fue una complicación de nuestro fútbol. Hace un siglo y hoy, que River debe cuatro partidos (¿Por qué no los jugó la Reserva, si son futbolistas profesionales?). Pepe nos brinda la lista de encuentros: Estudiantil Porteño 1-1 Platense; Barracas Central 2-2 Platense; Sportivo Almagro 2-0 Talleres; Banfield 2-0 Gimnasia. Otro amigo, @PabloKersevan, gritó bien fuerte: ” – Che, Aira, ¡No te olvides que esa tarde Lanús goleó 3 a 0 a Argentino del Sud!”. No sólo no me olvido, querido Pies de Calumín, sino que agrego algún dato de éste último club, ya desaparecido. Tenía su cancha en Crucecita, sobre la avenida Roca. Se lo conocía como el club Entre Vías. Camiseta blanquinegra a rayas verticales. Sus hinchas eran unos lúmpenes bárbaros y por eso nadie quería jugar ahí.

Para ser sinceros, yo recordaba un sólo doparti oficial. 25 de diciembre de 1931. En Cuyo y Mozart, Racing Club recibió a Gimnasia y Esgrima La Plata. Veo que a los muchachos del Bosque eso de jugar en Navidad no les molestaba, porque lo habían hecho en 1921 y 1927. Pero aquella tarde, la Academia goleó 4 a 1; un par de goles los marcó el Negro Roberto Mellone; la hinchada deliró con el gol de Pichín Vicente del Giúdice, un gambeteador fenomenal; finalmente, el tucumano Alberto Fassora señaló el cuarto gol de su equipo. El simoqueño tenía un físico imponente. Tanto que la tribuna le regaló un apodo en forma de tren: Lacroze.

Pero el partido navideño más importante se jugó hace exactos 93 años. Fue el 25 de diciembre de 1925. Final del Sudamericano, la actual Copa América. Aquella edición se realizó en Buenos Aires y tuvo la menor cantidad de selecciones inscritas. Sólo Brasil y Paraguay nos acompañaron. Ante la escasez de equipos se decidió jugar a dos ruedas. Debutamos el 29 de noviembre, derrotando 2 a 0 a Paraguay, goles de Manuel Seoane – ídolo de Independiente – y Martín Sánchez, delantero de Colón de Santa Fe. El 13 de diciembre, en la mítica cancha de Sportivo Barracas, goleamos 4 a 1 a Brasil con un triplete (¿Por qué los pelandrunes lo llaman Hat Trick?) de la Chancha Seoane y uno de Alfredo Garasini. Una semana más tarde, vencimos nuevamente a los guaraníes. Fue 3 a 1, goles de Domingo Tarasconi, Manuel Seoane y Juan Carlos Irurieta, buen delantero de Argentino de Quilmes.

Llegamos al 25 de diciembre de 1925. Lleno total en Iriarte y Luzuriaga. Con empatar, eramos campeones. Si Brasil ganaba, forzaba el desempate. Nuestro equipo alineó a Alejandro Nicolás De los Santos, hijo de la argentina afro-descendiente. Centrodelantero formado en Oriente del Sud y luego figura enorme de Dock Sud, El Porvenir y Huracán.

Brasil, camiseta blanca como usaba aquellos días, sorprendió. A los 28 minutos, Arthur Friendenreich abrió el marcador. Era el mulato de ojos azules. Padre alemán, madre lavandera. El antecesor de Pelé. Un crack inmenso que en sus comienzos debía echarse polvo de arroz en la cara antes de los partidos. Tiempos en los cuales el fútbol estaba vetado para los negros en lo que quedaba del imperio del Brasil.

Minutos más tarde, el crack brasileño habilitó a Nilo, quién batió a Américo Tesoriere. Ahí se armó un escándalo descomunal. Una palabra de más motivó la reacción de Friedenreich, quién le pegó un patadón al defensor Ramón Muttis, a quién la tribuna apodó El Fuerte. Imaginen la situación: el campo de juego de Boca Juniors cambió de deporte. Se puede leer en Héroes de Tiento: “Los golpes volaron en todas direcciones. El campo de juego de Boca Juniors fue un inmenso ring de lucha libre. El más desaforado fue el brasileño Pamplona. Cuando la situación pareció componerse, el defensor Helcio golpeó en la espalda a Cerrotti. Nuevamente el caos. Pasada casi media hora, el árbitro uruguayo Manuel Chaparro continuó el partido sin expulsados”. 

Finalmente, Argentina igualó 2 a 2, goles de Carbunín Cerrotti y Manuel Seoane. Friendereich, el antecesor de Pelé, hizo temblar el travesaño cuando el tiempo ya estaba cumplido. Una final jugada en navidad. Un clásico a las piñas.

(*) Periodista. Conductor de Abrí la Cancha. Director www.xenen.com.ar

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