Doble descenso; Doble tristeza

1913
Lanús 1978. Un equipo de pibes en un club sumergido en los problemas económicos. El primero sentado desde la izquierda es Gabriel Calderón, futuro campeón mundial juvenil y dos veces mundialista.

Hace días Olimpo de Bahía Blanca consumó su descenso al Torneo Federal A. En dos temporadas consecutivas, pasó de la Primera a Tercera División. En Xenen vamos a recordar otros dobles descensos. Esos que parecen incomprensibles, y que en algunos casos, fueron lapidarios para los clubes.

Por Carlos Aira (@carlosaira11)

 

Olimpo de Bahía Blanca. Luego de 23 años, jugará el Federal A. Dos descensos consecutivos; curiosamente, la misma fecha.

En la Bahía Blanca aurinegra van a tachar del calendario cada 14 de abril. Una fecha nefasta. El 14 de abril de 2018, luego de caer 0-2 ante San Martìn de San Juan, Olimpo descendió a la B Nacional. Lo que parecía imposible se concretó justo un año después. La igualdad de Santamarina de Tandil en Mendoza condenó al aurinegro bahiense a regresar a los torneos organizados por el Consejo Federal luego de 23 años.

Los dirigentes de Olimpo alegaron que el descenso se produjo, no sólo por malas decisiones futbolísticas, sino por preparar un campeonato, que una semana antes de comenzar el torneo, no tenía descensos de categoría. Detrás de cada doble descenso, hay historias que merecen ser conocidas.

 

**

 

El Club Atlético Lanús vivió los momentos más duros de su historia a fines de los años setenta. Lejos había quedado Guidi-Dapone-Nazionale o los míticos Albañiles Silva y Acosta. En 1977, Lanús era un club que luchaba por mantener una Primera División que había conquistado en 1964.

Las redonditas de Lanús, Primera División 1977.

El interminable Metropolitano sentenció rápido a Ferro. Faltando dos fechas, Temperley siguió el camino de Oeste. Quedaba una jornada y el descenso era una ruleta. Lanús y Platense eran los más complicados, con 38 puntos. Pero Racing – que se había armado con figuras de la talla de Ricardo Julio Villa, Daniel Killer y los regresos de dos glorias como Panadero Díaz y Agustín Mario Cejas – estaba al borde del descenso con 39 puntos. Aquel 13 de noviembre de 1977, Racing y Platense debían enfrentarse por la última fecha. Lanús recibía a Rosario Central en el Sur. En Avellaneda se jugó al borde del ataque de nervios. La Academia ganó 1 a 0 y mantuvo la categoría. Central, gol de Carlos Gómez, derrotó a Lanús. Lanús y Platense debían jugar un desempate.

Aquella tormentosa noche del 16 de noviembre de 1977 quedó en la historia. Luego de 120 minutos en el Gasómetro de Avenida La Plata, penales. Una serie interminable. Osmar Miguelucci, arquero calamar,  no patea. El árbitro Roberto Barreiro no se percata. Pasada la medianoche, el propio Miguelucci detiene el penal de Orlando Cárdenas. Lanús deberá jugar en 1978 el campeonato de Primera B.

Lanús 1978. Un equipo de pibes en un club sumergido en los problemas económicos. El primero sentado desde la izquierda es Gabriel Calderón, futuro campeón mundial juvenil y dos veces mundialista.

Pero detrás del descenso, una historia. Llovían juicios laborales en la sede granate. El más grave lo inició Carlos Pachamé, refuerzo estelar en 1977. Ese juicio puso al borde de la bancarrota a la institución. En la tesorería granate no había un peso. El equipo que transitaría la temporada de 1978 debía acotarse a un presupuesto bajísimo. Racing prestó a los delanteros Gabriel Calderón y Manuel Vázquez. Pero los conflictos económicos eran cotidianos. Lanús tenía bandera de remate. Ni la aparición de juveniles de la talla de Carlos Nigretti, Ramón Enrique u Horacio Attadía podían remontar la campaña. Llegada la última fecha, San Telmo había descendido. El otro lugar debía pelearlo Lanús -29 puntos – y Villa Dámine, 28.

25 de noviembre de 1978. El remate de Miguel Benítez supera la estirada de Perassi. Segundo gol de Villa Dálmine. Lanús se iba a la C.

Villa Dálmine jugó tres días antes su partido. Igualó 1 a 1 con Deportivo Italiano en cancha de Argentinos Juniors. Con sólo igualar en Gerli ante El Porvenir, Lanús mantendría la categoría. El corrillo se había instalado: el resultado estaba puesto. En el primer tiempo ambos equipos no se atacaron. Pero algo pasó en el entretiempo. El Porvenir ganó 1 a 0, gol de Enrique Massei, obligando a Lanús a disputar un nuevo desempate.

El estadio elegido por AFA nuevamente fue el Gasómetro de Avenida La Plata. Sábado 25 de noviembre de 1978. Villa Dálmine fue superior a Lanús y decretó lo imposible años atrás: Lanús en Primera C. Categoría en la cual participarán durante tres temporadas. En 1981, el club estaba por ganarle un sonado juicio a AFA por el affaire Miguelucci. La casa central cerró el pleito con una importante suma. Con ese dinero pagaron deudas y comenzaron a forjar el club de barrio más grande del mundo.

 

 

 

Chacarita Juniors vivió entre 1979 y 1981 una irrealidad. Una verdadera pesadilla futbolística. En 1979, veinte años después de su último ascenso a Primera División y a una década de su momento más glorioso, la Tricolor debía transitar una situación no acostumbrada: pelear por mantener la categoría.

El equipo de Chacarita Juniors de 1979.

Se habían ido jugadores importantes de la campaña anterior, como el espectacular Alberto Pedro Vivalda y el talentoso Carlos Ischia. También tres bronces de 1969: Alfredo Neumann, Carlos María García Cambón y el sanjuanino Luis Leonardo Recúpero. Habían quedado un estandarte, como Hugo Pena, pero después eran todos juveniles, muy verdes para un campeonato con tres descensos: Roberto Passucci, Alberto Pascutti, Alberto Gizzi, la eterna promesa de Eduardo Emilio Delgado y un wing petiso como un duende: Osvaldo Salvador Escudero.

Osvaldo Salvador Escudero. El Pichi.

El Metropolitano 1979 fue novedoso. Dos zonas de diez equipos cada una. Partidos de ida y vuelta con una definición singular para mantener la categoría: los últimos dos equipos de cada zona debían jugar un cuadrangular donde solo uno zafaría. El imaginario popular lo bautizó Cuadrangular de la Muerte.

El juvenil equipo funebrero no hizo pie en todo el torneo. Terminó último en la Sección B junto a Atlanta, viejo rival del barrio. En la otra Sección, Gimnasia y Platense ocuparon los puestos de condena. En el Cuadrangular, Chacarita ganó tan sólo el partido partido, 2 a 0 a Atlanta. La Tricolor, luego de veinte años, perdía la categoría. Lo hacía con drama incluido, por el asesinato de un hincha de Platense en los alrededores del estadio de San Martín.

La Revolución de los Ayatollah presente en las paredes de San Martín. Todas las tintas contra Salvador Zuccotti, presidente del club.

Si el descenso fue un golpe duro, lo que vivió Chacarita en 1980 fue inenarrable. La Comisión Directiva encabezada por Salvador Zuccotti – funebrero de profesión – entendió que el peso de la bellísima camiseta tricolor era depositaria del ascenso. Error. No armó un equipo de jerarquía en un campeonato competitivo. Pasaban las fechas y los resultados no aparecían. No había un peso en San Martín. ¿Donde estaba el dinero de las ventas de Horacio Bianchini, Claudio Marangoni y Carlos Salinas, preguntaban los socios? Zuccotti no daba precisiones. Algunos hinchas recuerdan cierto amparo de la barra. Lo cierto es que Chacarita adolecía de jerarquía. Tan sólo el Pichi Escudero, campeón mundial juvenil en Japón, tenía clase pero su cabeza estaba puesta en una transferencia que lo sacara de ese infierno.

8 de noviembre de 1980. Comienza a bajar Chacarita a la C. La media vuelta del Toti Iglesias pone el 2 a 1 para Sarmiento sobre la hora.

El campeonato 1980 no comenzó mal para Chacarita. En las primeras ocho jornadas el equipo se posicionó en los puestos altos de la tabla. Pero luego de una derrota ante Villa Dálmine en San Martín, comenzó la hecatombe. Pasadas las jornadas, renunció Argentino Geronazzo a la dirección técnica del equipo, harto de las intromisiones de la Comisión Directiva. Su salida fue determinante. En un campeonato con un solo descenso, Chacarita Juniors puso la cabeza en la horca.

15 de noviembre de 1980. El dolor de ya no ser. Chacarita derrotaba 3 a 1 a Deportivo Español pero se iba a la C.

Faltando cuatro jornadas para el final, Chacarita tenía 27 puntos. Sus rivales en la lucha eran El Porvenir (24), Deportivo Armenio (26), Talleres (27), Argentino de Quilmes y Banfield (28). En la 35º fecha, Chaca cayó 2 a 0 en la Barranca quilmeña ante los Mates. Una semana después – igualado en puntos con Armenio y Talleres – igualó 0 a 0 con Defensores de Belgrano. La permanencia se complicaba porque en la penúltima fecha debía viajar a Junín. El 8 de noviembre de 1980 quedará en la historia de la ciudad bonaerense: Sarmiento campeón. Victoria verde 2 a 1 sobre Chacarita. Quedarse en la B dependía de una carambola: ganar y esperar que El Porvenir y Banfield no lo hicieran.

Aquel 15 de noviembre de 1980, Chacarita Juniors venció 3 a 1 a Deportivo Español en San Martín, pero no se dieron otros resultados: El Porvenir derrotó 5 a 3 a Arsenal, mientras que Banfield venció 2 a 0 a Almirante Brown. Chacarita Juniors descendía a Primera C.

 

 

Deportivo Armenio vivió una increíble montaña rusa en muy poco tiempo. De la Primera C, en 1985, al sacudón de una campaña memorable para ascender a Primera División en 1987. Nadie sabía calcular cuanto tiempo duraría un club tan pequeño – con socios poderosos – en la máxima divisional.

10 de marzo de 1988. Una noche gloriosa. River vencía 2 a 0 a Armenio. Wensel marcó los tres goles y dio vuelta el partido en el Monumental.

La Primera División encontró un equipo duro y trabajado hacía años: Jorge Sarmiento; Ricardo Gandaras, Daniel Kuchen, Carlos Argueso y José Villarreal; Olegario Alderete, José Úbeda, Miguel Angel Oviedo y Ramón Gallardo; Sergio Silvano Maciel y Walter Oudoukián. Deportivo Armenio sorteó la temporada 1987/88 sin mayores problemas con el descenso. Su estilo no gustaba, pero permitió sorpresas: dos empates sobre la hora ante el Racing de Basile – goles convertidos por Oudoukián sobre la hora -, o una mítica victoria 3 a 2 ante River en el Monumental, la noche que todo el mundo preguntó quién era Raúl Edmundo Wensel.

25 de mayo de 1989. El equipo que perdió la categoría ante Independiente: Gandaras Gandarian Kuchen Pitasi Gallardo y Sarmiento. Abajo: Demarco Villareal Godoy Ubeda y Frutos

Para la temporada 1988/89, el presidente Noray Nakis modificó el equipo contratando al talentoso Lorenzo Frutos y a Omar Humberto Catalán, autor del gol que definió la Supercopa 1988 a favor de Racing Club. Dirigidos por Osvaldo Chiche Sosa, la primera fecha quedó en la historia: victoria 1 a 0 en la Bombonera. La tarde que el Catre Maciel retiró a Hugo Gatti. El equipo buscó un fútbol más vistoso que la temporada anterior, pero a partir de la décima fecha, Armenio se fue a pique. Para la historia, el partido ante Rosario Central en Arroyito. 11 de diciembre de 1988. A los 45 minutos del segundo tiempo, Armenio ganaba 3 a 0. En increíble remontada, Central igualó y terminó ganando dos puntos en los penales (aquella temporada los empates definían un punto más desde los once pasos).

Deportivo Armenio, año 1989.

En el verano de 1989, Nakis ofició como silencioso dirigente de Independiente. Fustigó a Juan D´Stéfano – presidente de Racing Club – por incumplir el pacto tácito de no contratar jugadores libres por el 20%. Se escondía la no clasificación de Independiente a la Copa Libertadores. En ese clima enrarecido, Armenio cambió de entrenador. Salió Sosa y regresó Alberto Parsechián. Ya nada era como antes. Omar Catalán y Chiqui Ubeda se pelearon a golpes con el entrenador. Los jugadores no respondían. El equipo realizó una segunda rueda paupérrima. El 25 de mayo de 1989, Armenio recibió a Independiente en Caballito. Lorenzo Frutos abrió el marcador con un golazo de treinta metros. Los rojos dieron vuelta el partido consagrándose campeones y enviando al equipo de la colectividad al Nacional B.

Armenio tampoco hizo pie en segunda división. El Nacional B 1989/90 es recordado por la lucha a brazo partido entre Huracán y Quilmes por regresar a la A. Deportivo Armenio mantuvo una base de jugadores. La primera rueda fue aceptable, con resultados que ilusionaban: victorias ante Lanús y Banfield e igualdad ante Huracán y Quilmes. Pero la segunda rueda fue espantosa. Números increíbles: 17 derrotas, tres empates y una victoria. Esta se dio en la última fecha, ante el también descendido Los Andes. Deportivo Armenio jugaría la B Metropolitana.

14 de septiembre de 1991. Armenio sale a jugar contra Almagro en José Ingenieros. Ricardo Mazariche acaricia a una mascota local.

Pero las desgracias no finalizaron en tercera división. Se podía seguir cayendo. Deportivo Armenio tampoco hizo pie en la nueva categoría. Terminó último con una campaña de terror: siete victorias, mismas igualdades y dieciséis derrotas. Quedaban nombres de aquel equipo que tan sólo tres años atrás había acaparado las miradas del fútbol argentino, como Luis Villarreal, o los veteranos Ricardo Mazariche, Miguel Oviedo y Héctor López. Aparecían juveniles como Alex Rodríguez, pero todo parecía en vano.

Para pasar en limpio. Entre agosto de 1988 y junio de 1991, Deportivo Armenio disputó 110 partidos; con 17 victorias, 34 empates y 59 derrotas.

Pero Armenio no jugó en la C. Apareció una mano salvadora. Esa mano inventó un Reclasificatorio entre los descendidos de Primera B (Armenio y Berazategui) y dos clubes de Primera C (Comunicaciones y Luján) para completar 18 equipos en la B Metro. Armenio derrotó en un mano a mano con el club de Agronomía y zafó de descender de primera a cuarta división sin escalas.

La montaña rusa de Deportivo Armenio entre 1985 y 1991 fue de cuidado. Salvo la temporada 1987/88, siempre hubo un ascenso para festejar o un descenso para padecer.

 

 

 

Villa Dálmine es sinónimo de Campana. Su ingreso al fútbol AFA se dio a través del decidido apoyo de SIDERCA, la siderúrgica local que realizó todo lo posible para qué el club pudiera competir desde 1961. Luego de diversos pasos en la vieja Primera B, en 1989 la ciudad festejó lo que parecía imposible: con la conducción de Pipo Ferreiro, los violetas ascendieron al Nacional B.

Villa Dálmine 1990.

Un equipo digno, conducido por dos talentosos como Antonio Labonia y Carlos Acuña. En su primera temporada Nacional quedó a un sólo punto de clasificar al Dodecagonal de ascenso. La temporada 1990/91 no cumplió la misma campaña a pesar de contar con Germán Panichelli, histórico goleador del club. Pero la temporada 1991/92 será letal para las aspiraciones violetas. El equipo ganó tan sólo tres partidos sobre 42 disputados. Zafó del descenso por el buen colchón de puntos conseguido en años anteriores. Para no irse al descenso la temporada siguiente debía hacer una campaña sensacional.

En aquel 1992 un mazazo golpeó la estructura institucional: luego de tres décadas, SIDERCA dejaría de financiar el fútbol profesional de Villa Dálmine. ¿Que podía salir peor? Los violetas estaban condenados al descenso, cosa que sucedió luego de una temporada donde quedó en penúltimo lugar.

Equipo de Villa Dálmine en la B Metropolitana 1993/94

Dalmine debía pensar en subsistir. La B Metropolitana 1993/94 fue muy competitiva. Clubes históricos armados para ascender. Dálmine no hizo pie. Tan sólo el talento a cuentagotas de Julián Infantino y el uruguayo Víctor Rabuñal mostraron algo diferente. Demasiado poco para mantener la categoría. Luego de un Apertura decente, se contrapuso un pésimo Clausura. El 14 de mayo de 1994, Villa Dálmine debía derrotar al descendido Deportivo Merlo y esperar que Colegiales no venciera a San Miguel. Los resultados fueron al revés. Dálmine se fue al descenso por un puñado de centésimas.

Consultado sobre aquellos días, Sergio Karnincic, investigador de la historia del Club Villa Dálmine, autor de Violeta el Corazón, expresó a Xenen: «Siderca quitó el apoyo en forma progresiva, pero constante. Por esta falta de apoyo, la economía del club estuvo muy complicada. Se suman malas administraciones; todo un combo. En lo deportivo comenzaron a utilizarse cada vez más pibes de las inferiores, lo que era un arma de doble filo. Pero al no poder traer muchos refuerzos los pibes bancaron la parada, y aunque con dolor por los descensos, tomaron la experiencia necesaria para lograr un ascenso en la temporada 95-96. Durante mucho tiempo, a partir de aquellos dos descensos seguidos los pibes de inferiores fueron protagonistas. Allí surgieron, por ejemplo, Walter Nicolás Otta y Carlos Pereyra , entre muchos otros»

El descenso a Primera C trajo aparejado un cambio de nombre. Entre 1994 y 2000, el club se llamó Atlético Campana.

 

Desde su fundación, el 13 de mayo de 1961, el Club Atlético Ituzaingó participó en las categoría más baja del ascenso. Pero un dirigente fue vital en su historia. Carlos Alberto Sacaan fue un empresario panificador que en los ochentas tuvo su momento de popularidad cuando los spots televisivos de su producto finalizaban con su primer plano diciendo: «Yo, Carlos Sacaan, lo garantizo«.

El equipo de Ituzaingó que sorprendió ascendiendo al Nacional B en 1992.

Camiseta verdiblanca, Ituzaingó comenzó a escalar categorías a ritmo vertiginoso. En 1982 dejó la Primera D y en 1989 ascendió a Primera B Metropolitana luego de una recordada final ante Excursionistas. Pero el sueño no terminó allí. El León del Oeste se armó con jugadores para pegar otro salto: Luis Lúquez – con pasado en Boca Juniors -, Fermín Valenzuela – campeón de América con Argentinos Juniors -, los talentosos Héctor Rivoira y Adolfo Ferraresi. Alternaba un rubio gordito y metedor llamado Ricardo Zielinski

15 de abril de 1992. ¡Sorpresa! Ituzaingó campeón de Primera B y ascendía al Nacional.

La temporada 1991/92 fue apasionante. Ituzaingó, Los Andes, Sarmiento y Almagro pelearon el campeonato hasta el final. Finalmente, Ituzaingó y Los Andes igualaron en la cima con 42 puntos. Era necesario un desempate. El mismo se jugó el miércoles 15 de abril de 1992 en cancha de Independiente. Se decía que Ituzaingó iba para atrás. Que no le convenía jugar el Nacional B. Igualaron 1 a 1 y en los penales, los verdes ganaron 4 a 1. Ituzaingó era Nacional.

Con el ascenso a la segunda división, una noticia conmocionó las estructuras del club: Carlos Sacaan quitaba su apoyo económico. El empresario – dueño también de la financiera Ituzaingó – sostuvo que el club no contaba con la estructura para enfrentar un torneo federal y sólo mantuvo la publicidad en la camiseta. La cosa se hacía muy cuesta arriba. En la temporada 1992/93, Ituzaingó realizó una campaña digna con los escasos recursos y sin poder jugar en su estadio, que no estaba en condiciones de albergar partidos de la categoría. Con la base del equipo que ascendió, zafó del descenso por centésimas, enviando al pozo a Racing de Córdoba, Defensa y Justicia y Villa Dálmine.

Pero la temporada siguiente, Ituzaingó no pudo zafar de la parca. Perdió la categoría junto a Sarmiento y Chaco For Ever. Para un club con tan poco movimiento social, las dos temporadas en el Nacional B habían sido un agujero en su economía. La temporada 1994/95 de la B Metropolitana, el León del Oeste la encaró con modestia. Los resultados estuvieron lejos de lo esperado. Penúltimo en el Apertura 94; si bien mejoró notablemente su performance en el Apertura 95, el equipo quedó lejos de la salvación. Ituzaingó debía jugar la temporada 1995/96 en Primera C.

 

El caso de Ferrocarril Midland debe ser el más curioso de todos. Una serie rocanbolesca de ascensos y descensos, propios de un ascenso donde las reglas de juego nunca están claras.

Las paredes de Libertad aun recuerdan el máximo hito en la historia de FC Midland: el ascenso a Primera B 1996.

Los Funebreros de Libertad tuvieron su momento de gloria entre 1988 y 1989. Un prolongado invicto que le permitió ascender de Primera D a la C. Una vez instalados en la categoría, el sueño de Primera B Metropolitana era una quimera. Pasaban los años y el club estaba lejos de aquel momento de efímera gloria. Midland había hecho una floja campaña en la temporada 1994/95 de Primera C. Nada hacía presagiar que cambiara la historia el año siguiente. Como era de esperar, el rendimiento del equipo fue flojo: antepenúltimo en el Apertura 95 y algo mejor en el Clausura 96. Zafó del descenso porque la campaña de Puerto Nuevo de Campana fue muy mala.

Pero en 1996 la Asociación del Fútbol Argentino decidió reestructurar el Nacional B y abrió una increíble puerta para cumplir el sueño de Primera B

El nuevo campeonato de segunda división contaría con 32 equipos divididos en zonas Metropolitana e Interior. Para completar esa cantidad de equipos se armaron torneos Reclasificatorios, tanto en zona Metropolitana como en el Torneo Argentino. En este torneo, terminaron ascendiendo Almagro, Sarmiento y Temperley al nuevo Nacional. Era necesario emparejar la cantidad de equipos en la B Metropolitana.

El plantel de Ferrocarril Midland que ascendió a Primera B.

Para reorganizar las categorías, se realizó un Reclasificatorio de Primera C donde ingresarían los clubes que descendieron de Primera B en su etapa definitoria. Lo jugaron todos los equipos de la categoría, pero nadie daba chance alguna a Midland. La serie era a partido único en cancha neutral. Lo que nadie podía creer se convirtió en milagro. Midland eliminó a Berazategui, General Lamadrid  y Cambaceres. Debía jugarse una cuarta e

tapa final triangular entre Midland, Colegiales y San Telmo. Tan sólo se disputó el empate entre San Telmo y Midland. AFA decidió que los tres equipos jugarían la próxima temporada Primera B (Colegiales manteniendo categoría).

15 de junio de 1997. Borges grita uno de sus cuatro goles. Tigre 5-2 Midland. Los funebreros picaban el boleto de regreso a la C.

Casi sin proponérselo, FC Midland jugó un impensado campeonato de carácter profesional. La campaña de los Funebreros en Primera B fue flojísima. Penúltimos en el Apertura 1996 y decimoquintos en el Clausura 1997. El equipo de Libertad debía volver al campeonato de Primera C.

Pero allí se encontró con un problemón. A diferencia de Primera División, en el ascenso no se borran las últimas tres campañas para un descendido. Midland mantenía la muy floja campaña 1995/96 aunque haya ascendido a Primera B. Esa campaña fue un ancla con destino a Primera D. Midland finalizó decimotercero en la tabla general, pero no sumó los puntos suficientes para mantener la categoría. Después de casi una década, los Funebreros de Libertad debían regresar al campeonato de Primera D.

 

Ferro Carril Oeste vivió sus horas más angustiosas entre 1999 y 2002. Una etapa nefasta, donde los descensos deportivos fueron hijos de una asfixiante situación institucional. Si una década atrás, la institución de Caballito llegó a tener más de cincuenta mil socios y ser un polo deportivo central en Capital Federal, los buitres inmobiliarios estaban a punto de descuartizar a la institución.

Marcelo Corso, presidente de Ferro Carril Oeste entre 1996 y 2000.

Campeón Nacional 1982 y 1984. Campeón de Basketball y Volley. Ferro era un ejemplo. Un club conducido con austeridad por Santiago Leyden desde el lejano 1964. Pero la década siguiente, crucial para los argentinos, desarmó lo que parecía imposible. La sociedad porteña no era la misma. En 1994, la cantidad de asociados se había reducido a sólo 15.000. Felipe Evangelista condujo el club entre 1993 y 1996. Luego fue el turno de Marcelo Corso, quién asumió a fines de 1996.  Corso decidió pedir una convocatoria de acreedores a pesar de las críticas de muchos socios. La convocatoria fue aceptada por el juez Roberto Ferrara se hizo cargo quién verificó una deuda de 8.405.702 pesos de deuda. En una economía dolarizada, la estrategia fue cruel. Ferro ingresó en una veloz pendiente deportiva e institucional.

Ferro modelo 2000. El equipo que perdió la categoría luego de 21 años.

Ferro encaró la temporada 1999/00 con 84 puntos acumulados de las últimas dos temporadas, uno de los peores. La empresa era difícil. La dirigencia contrató a Rubén Darío Insúa como entrenador y apostó a la veteranía de Carlos Alejandro Alfaro Moreno. Los números fueron paupérrimos. Ferro finalizó último con sólo 9 puntos, producto de una victoria y seis empates. La salvación era una quimera. Se apostó a un equipo de juveniles: Ariel Rocha, Sartori, Vitali, Félix Décima y la conducción de dos bronces como Juan Domingo Antonio Rocchia y Brandoni, campeones de 1982. Finalmente, el 11 de junio de 2000 , al caer 7 a 0 ante Lanús en el Templo de Madera, Ferro perdía la categoría luego 21 años.

Cualquier proyecto chocaba ante la calamitosa situación institucional. Las asambleas de socios buscaban sortear una quiebra ineludible. Santiago Leyden había regresado a la conducción del club, pero renunció a los pocos meses dejando una frase histórica: no puedo administrar la miseria. Los números del histórico club modelo eran aterradores. El presupuesto de julio 2000 arrojaba un pasivo de 21.720.549,73 pesos convertibles.  Se estableció que la conducción comandada por Marcelo Corso había emitió 274 pagarés y 198 cheques sin fondos por una deuda exigible de 2.485.000 pesos. Ante esa situación,una venta de terrenos, cuanto menos irregular, a la empresa IRSA.

Ferro en 2001. El equipo que salió último en el Nacional y perdió la categoría seis fechas antes del final del torneo.

Para la temporada 2000/01, la dirigencia armó un equipo para sortear el campeonato de la B Nacional. Contrató al inexperto Hugo Perico Pérez como entrenador. Regresó Oscar Acosta, un talentoso del memorable Ferro de Griguol. Pero la situación económica era angustiosa. Tanto que llegó a jugar partidos con tan sólo ocho futbolistas profesionales. El sábado 10 de marzo de 2001, a falta de seis fechas para la conclusión del campeonato, Ferro igualó 0 a 0 con Tigre perdiendo nuevamente la categoría. Una campaña de tres triunfos en veinticuatro partidos. Tenía 4.500 socios.

Ferro quebró en 2003. Luego de once largos años, la institución se reinstitucionalizó gracias al aporte vital de un barrio. Hoy Ferro Carril Oeste busca regresar a Primera División; pero, sobre todo, se reencuentra con el club que fue.

 

 

Las montañas rusas a las cuales San Martín de Tucumán suele concurrir son las más sinuosas del fútbol argentino. Tanto en la subida (del Regional a Primera División, sin escalas, en 1988) a lo sucedido entre 2001 y 2003, cuando los Cirujas pasaron del Nacional B a jugar el campeonato regional.

La temporada 2000/01, San Martín se formó para regresar a Primera División, categoría en la cual no militaba desde 1993. Dirigido por Teté Quiroz, el equipo tenía jugadores con recorrido: Marcos Gutiérrez, Tumba Corbalán, Fernando Di Carlo,  Daniel López Maradona. Pero la realidad fue implacable: decimocuarto sobre diecisiete equipos, un promedio bajísimo y un descenso consumado el 3 de abril de 2001 luego de caer 3 a 2 ante General Paz Juniors en Córdoba.

5 de mayo de 2002. En Rio Cuarto, San Martín descendía al Torneo Argentino B.

Si bajar al Torneo Argentino A fue grave, lo vivido entre 2001 y 2002 fue nefasto.  Mientras un equipo tucumano desconocido, Ñuñorco, era la sensación del campeonato, el gigante San Martín no hizo pie en la nueva categoría. El equipo de la Ciudadela terminó el torneo con 23 puntos y obligado a jugar una Permanencia ante Cipolletti de Río Negro.

Partido único en cancha de Estudiantes de Río Cuarto. Domingo 5 de mayo de 2002. El primer tiempo finalizó con victoria blanquinegra 2 a 0, goles de Maximiliano Amorone y Juan Ancaten. Parecía cosa sentenciada pero sucedió un milagro deportivo: San Martín empató con dos goles en tiempo de descuento, convertidos por Juan Barragán y Humberto Biazzotti. Parecía que se consumaba una hazaña. Pero en los treinta minutos de suplementario, nuevamente Ancaten, convirtió el tercer gol de Cipolletti. Gol de oro mediante, San Martín descendía al Torneo Argentino B.

31 de mayo de 2003. San Martín caía por penales ante La Florida y debía jugar el campeonato provincial. Inaudito.

Pero las cosas no finalizaron allí. La caída no tenía fin. Quince años después de su mítico ascenso a Primera División, los seis goles en la Bombonera la tarde épica de Antonio Vidal González, San Martín de Tucumán vivía su hora mas negra. El 31 de marzo de 2003 recibió al club La Florida. Al caer por penales, reestructuración de los campeonatos mediante, debía jugar la próxima temporada el campeonato organizado por la Liga Tucumana de Fútbol. Pero el fútbol da revancha, en sólo cinco años, subido a esa montaña rusa antes contemplada, el Santo de la Ciudadela regresará a la máxima divisional de nuestro fútbol. Gente de emociones fuertes.

 

San Martín de Mendoza es el representativo provincial que más veces participó de los viejos nacionales de Primera División. En la temporada 2002/03 reverdeció laureles y acarició la gloria al jugar la Promoción de ascenso a Primera División enfrentando a Talleres de Córdoba. No sólo el éxito deportivo no acompañó a los Chacareros, sino que comenzó una espiral de acontecimientos que terminaron en un sonado escándalo.

El equipo de San Martín de Mendoza que perdió la categoría en junio de 2006

La temporada 2005/06 fue la novena consecutiva del club en el Nacional B. Un equipo con altibajos pero asentado en la categoría. El torneo Apertura tuvo a los dos representantes provinciales en los polos de la clasificación: Godoy Cruz líder y San Martín cola, con sólo tres victorias en diecinueve encuentros. En aquel segundo semestre de 2005, San Martín tendrá dos hechos puntuales altamente negativos: el control antidoping positivo del delantero Pablo Islas y la increíble agresión padecida por el defensor Carlos Azcurra, quién luego del clásico ante Godoy Cruz fue herido por una bala de goma proveniente de un arma policial. Cirujía mediante perdió tres cuarta partes de su pulmón derecho.

En el Clausura, el equipo realizó una gran campaña finalizando en el séptimo lugar. Debía jugar la Promoción para mantener la categoría. El rival fue San Martín de Tucumán. En la Ciudadela ganaron los Santos 1 a 0. La revancha, disputada en el estadio José de San Martín, finalizó igualada 0 a 0. Aquel 4 de junio de 2006, San Martín de Mendoza descendía al Torneo Argentino A.

1 de junio de 2007. Desamparados y San Martín igualan sin goles un partido donde les convenía empatar. Un misterioso video determinó el futuro descenso del León mendocino.

La campaña del equipo en la nueva divisional fue pobre. Llegada la última fecha de la zona de grupo, debían jugar Sportivo Desamparados de San Juan – Campeón del Apertura – y San Martín. El empate era un resultado cantado. De esa manera los Sanjuaninos jugarían por el título, dejando afuera al poderoso Independiente Rivadavia; el León mendocino quedaba fuera de la Promoción en detrimento de Juventud de San Luis. El partido finalizó sin goles. Veinte días después del partido, un misterioso video presentado por los directivos de Juventud Alianza, el jugador León Bustos – de San Martín – reconoce el arreglo del empate a cambio de 30.000 pesos.

El Consejo Federal se tomó su tiempo para fallar. Cuando lo hizo, fue durísimo: quita de nueve puntos para ambos clubes. Desamparados, de jugar el ascenso al Nacional, enfrentó una Promoción de descenso. San Martín bajó al Torneo Argentino B. Juventud Alianza zafó de la Promoción. Independiente Rivadavia, bancado por Daniel Vila – dueño de América 24, accionista de América TV, Radio La Red y propietario del Grupo Uno – se encontró nuevamente en carrera por un ascenso que logró.

 

 

 

El 1 de agosto de 1998, El Porvenir cumplió el sueño de ascender al Nacional B. Dirigido por Ricardo Calabria, aquel equipo tenía en Rubén Forestello y el eterno José Luis Garrafa Sánchez dos armas letales. Ambos partieron a Banfield, donde lograron el ascenso a Primera División, pero a pesar de sus ausencias, el club de Gerli supo mantenerse en una competitiva segunda división.

Enero de 2006. El equipo de El Porvenir recuerda a Garrafa Sanchez. Meses después perdió la categoría.

Luego de ocho temporadas consecutivas, la campaña 2005/06 sería complicada para los blanquinegros. El corrillo era que el club permanecía en la divisional porque el presidente Enrique Merelas era mano derecha de Julio Grondona. Lo cierto es que siempre se habían conformado equipos sólidos, armados de atrás hacia adelante. Para aquella temporada consiguieron el regreso del Yagui Forestello, el delantero Miguel Paco Prado – de arranque espectacular hasta que una serie de lesiones lo marginó del equipo – , y el veterano Leonel Martens. La campaña estuvo por debajo de lo esperado: penúltimo en el Apertura y decimosegundo en el Clausura. Durante largas fechas jugó un mano a mano ante Defensa y Justicia. Uno jugaría la Promoción, el otro descendería directo. Llegada la penúltima fecha, San Martín de San Juan sería rival de ambos equipos. El Porvenir cayó 6 a 0 en Cuyo. Esa tarde, Defensa perdió 1 a 0 en Victoria ante Tigre. En la última jornada, El Porvenir derrotó 2 a 0 a la Comisión de Actividades Infantiles, pero el empate 1 a 1 entre Defensa y Justicia y San Martin condenó a los blanquinegros de Gerli. El 13 de mayo de 2006, El Porvenir perdía la categoría por ocho milésimas.

El equipo de El Porvenir que bajó a la C.

La situación económico-institucional de El Porvenir no era la mejor para pelear un campeonato de Primera B Metropolitana con muchos candidatos. La directiva armó un equipo con experiencia: Fernando Dubra, Adrián Guillermo, Leandro Caruso y Mauricio Risso, Eduardo Fuentes, Paco Prado, Daniel Tilger y el japonés Misu Akira.  La campaña del Apertura 06 fue malísima: último en soledad, con sólo 13 puntos. El Clausura 07 repuntó la campaña, pero lejos estuvo de poder mantener la categoría. El 15 de mayo de 2007, un año y dos días después de su primer descenso, El Porvenir era equipo de Primera C, categoría que no militaba desde 1975.

 

Lo sucedido con Nueva Chicago entre 2007 y 2009 será siempre motivo de análisis y debate. Un club atravesado por una horrenda tragedia y una determinación del Tribunal de Disciplina de AFA que condicionó la suerte deportiva e institucional del club de Mataderos.

25 de junio de 2007. Una tarde horrible. El asesinato de Marcelo Cejas determinó una quita inédita de puntos para Nueva Chicago.

El 25 de junio de 2007 se disputó en el estadio Ciudad de Mataderos el partido de vuelta de la Promoción. Nueva Chicago, equipo de Primera División, recibía a Tigre. El partido de ida había finalizado con victoria de Tigre 1 a 0. Para Chicago, quedaba sólo un resultado. Aquel miércoles, Tigre vencía 2 a 1 cuando el partido fue suspendido. La fiesta se transformó en drama. A pocas cuadras del estadio fue asesinado Marcelo Cejas, 41 años, hincha de Tigre. El caso nunca fue esclarecido. La justicia nunca pudo determinar lo sucedido en la esquina de Carhué y Bilbao donde cayó Cejas producto de dos piedrazos en su cabeza.

Días más tarde, el Tribunal de Disciplina de la Asociación del Fútbol Argentino castigó a Nueva Chicago con la quita de 18 puntos. Junto a la quita de puntos padecida por Almirante Brown en aquellos días, las máximas sanciones resueltas hacia una institución por un hecho de violencia. El club de Mataderos tendría que llevar un lastre difícil de sostener. Una condena previa al descenso, salvo una campaña de campeón.

28 de julio de 2008. Festeja Los Andes, en la promoción derrotó a Nueva Chicago, que bajó a la B Metro.

En el Nacional B 2007/08, Nueva Chicago sumó 52 puntos. Una respetable campaña que lo hubiera dejado muy cerca de la Promoción de ascenso a Primera División. El Torito de Mataderos debió jugar una Promoción por mantener la categoría. El rival fue Los Andes. En Lomas de Zamora ganaron los milrayitas 1 a 0. La revancha, disputada el sábado 28 de junio de 2008, finalizó con victoria 2 a 0 de Los Andes – goles de Jonathan Tridente – en cancha de Argentinos Juniors. Después de diecisiete años, Nueva Chicago debía jugar el campeonato de la B Metropolitana.

Uno de los clubes de nombre más curioso que haya jugado fútbol profesional en nuestro país es Comisión de Actividades Infantiles. La CAI de Comodoro Rivadavia, como lo conoció el mundo del fútbol entre 2002 y 2011, cuando fue animador del campeonato de la B Nacional.

La CAI había sorteado siete promociones en forma positiva. Una de ellas ante Atlético Tucumán.

Fundado como Club escuela, bajo ese indómito viento patagónico se formaron jugadores de la talla de Sergio Chiquito Romero, Andrés Silvera, Sixto Peralta, Hugo Barrientos, Mario Santana y Martín Rolle, entre otros. En 2005, una gran campaña lo tuvo al borde del ascenso a Primera División. Hubiera sido el primer equipo patagónico en jugar un campeonato anual de la máxima divisional. Pero pasados los años, con menos apoyo provincial que antes, se fue desgastando la permanencia de la CAI en el Nacional B. Los gastos eran cada vez más importantes y sostener un plantel profesional se hacía cuesta arriba.

24 de junio de 2012. La CAI pierde la categoría luego de ser derrotado por San Jorge de Tucumán. El equipo patagónico perdía dos categorías consecutivas.

Para la temporada 2010/11 tan sólo un milagro deportivo salvaría a la Comisión de Actividades Infantiles de regresar al Torneo Argentino A. Las últimos dos temporadas habían sido un pesado lastre. No hubo mucho que hacer: la CAI terminó último en el campeonato y volvió al Argentino. Pero en la nueva divisional, tampoco hizo pie. Último en la zona de grupos, terminó penúltimo en la liguilla del descenso. Debió jugar una promoción ante San Jorge de Tucumán.

La CAI tenía un récord imbatible: siete promociones sorteadas con éxito. La última, ante Atlético Tucumán. San Jorge, el Expreso Verde, un club con sólo cuatro años de existencia. El equipo patagónico era claro favorito. Sobre todo cuando venció 1 a 0 en el norte, gol conseguido en tiempo de descuento. Aquel 24 de junio de 2012 todos auguraban una nueva victoria azzurra. Pero esta vez no hubo salvación: San Jorge venció 3 a 1, ascendiendo al Torneo Argentino A. Para la CAI el dolor de no ser. Un descenso que no estaba en los planes. El segundo consecutivo.

 

 

Si bien no fueron descensos consecutivos, vale prestar atención a lo padecido por Sarmiento de Junín entre 1983 y 1986. Un tobogán impactante. El Verde de Junín jugó el Metropolitano 1982 de Primera División. Peleó hasta el final su salvación, pero no pudo ser. Descendió en la última fecha del torneo, disputada el 5 de febrero de 1983.

En 1985, sumergido en gravísimos problemas financieros – juicio de Roberto Perfumo mediante – Sarmiento bajó a Primera C. Pero fue la temporada que se reorganizó el fútbol argentino con la desaparición del Campeonato Nacional y la creación del Nacional B. En el primer semestre de 1986, en Primera B y C se disputaron campeonatos Aperturas que sirvieron para reordenar los equipos en cada división. Sarmiento y Talleres de Escalada, quienes descendieron de Primera B a la C en 1985, terminaron bajando dos categorías: de segunda a cuarta división.

El caso de Sarmiento fue más dramático, porque entre su último partido en Primera División (0-1 con Unión, el 5 de febrero de 1983) y el primero cuarta división (1 de febrero de 1986, 1 a 0 ante Talleres) habían pasado tan sólo dos años y 362 días. Nadie bajó tanto en tan poco tiempo.

Comentarios

comentarios