El Gráfico | Un cierre que invita a la reflexión

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Por Carlos Aira (*)

El martes pasado cerró El Gráfico. Con la revista, un pedazo de la cultura argentina. El Gráfico estaba a tan sólo un año de su centenario. En un lánguido comunicado, Torneos– dueña de los derechos de la revista – expresó: “Esta triste decisión se tomó en un contexto global de decreciente consumo de medios impresos que ha afectado a nuestra revista. Adicionalmente, en los últimos años la empresa ha llevado adelante diversas estrategias de producto y comerciales para intentar revertir la situación económica deficitaria de la revista”. Sin dudas, salvar El Gráfico hubiera sido un minúsculo esfuerzo económico comparado con los 113 millones de dólares que pagó a la justicia neoyorkina por los fraudes cometidos en la compra de derechos de televisación.

Cierra El Gráfico. Enorme elemento cultural de nuestra patria. Su cierre obliga preguntas. ¿Se perdió la cultura de la lectura? ¿Se perdió la emoción por leer un buen artículo? ¿Tan sólo importa el título y una bajada ganchera? Gabriel Fernández, director de La Señal y del área Periodística de Radio Gráfica expone: “Quienes hoy lloran El Gráfico, hacía años no lo compraban“. Tal vez sea cierto. Pero Torneos no hizo ningún esfuerzo en dos décadas en pos de la grandeza de la revista. Desde 1998, la revista pertenecía a Torneos-Clarín. La recibieron como trofeo de guerra.

Curiosidad editorial. Revistas como Paparazzi, Caras y Gente viven, y muy bien. Con sus estilos ingresan en espacios públicos y hogares. Hoy, el fútbol es ABC1. Ingresa en todos los ámbitos sin distinción de condiciones sociales, edades y género. Pero a Torneos no le interesa un medio gráfico de excelencia y popular. Para Clarín, lo popular está resuelto con Olé. La línea editorial también. Porque el gran gancho de El Gráfico era la capacidad de ingresar en todos los hogares con excelencia y matriz popular. Una vez perdida esa condición en aquel fatídico 1998, a la revista se le haría cuesta arriba subvertir la situación. La situación se torna accesible a la vista cuando en otros ámbitos, las editoriales sostienen con fuerza publicaciones musicales, políticas o de interés general.

El periodismo deportivo se está yendo al descenso. Como muestra gratuita de estos tiempos berretas, La Nación publicó una necrológica para El Gráfico titulada “Final de un icono del periodismo deportivo. Cierra El Gráfico”. En la nota publican una serie de tapas históricas de El Gráfico, pero curiosamente, una pertenece a la revista River. Cultura y el periodismo deportivo parece que no van de la mano.

Pero acá hay una historia. Editorial Atlántida fue fundada a comienzos del siglo XX por el periodista uruguayo Constancio Vigil. Con el centenario tuvo en Mundo Argentino, un gran éxito. Una revista de interés general que hizo foco en el despliegue fotográfico. En 1917 vendió la revista a la editorial británica Haynes, que años después llevará adelante el diario El Mundo. En 1919 lanzó su nuevo producto, una copia de su anterior éxito. Lo bautizó El Gráfico.

Su primera edición se distribuyó el viernes 30 de mayo de 1919. Tiempos complejos. Meses atrás sucedieron los asesinatos en los talleres Vasena. Pero el gobierno popular de Hipólito Yrigoyen había reglamentado el descanso dominical. Ese descanso fue vital para el deporte. Tanto para la práctica activa como la forma recreativa de observarlos. Hasta 1924, El Gráfico mantuvo su fisonomía de revista de interés general. ¿Por qué cambió su enfoque hacia los deportes? Porque Crítica vendía miles de diarios en diferentes ediciones, sobre todo la quinta, dedicada casi en exclusividad hacia los sports. Había un inmenso mercado y no había una revista que se enfocara exclusivamente al deporte. Había en Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. Constancio Vigil armó una redacción de lujo. Plumas que le darán fueron vitales para la explosión del deporte a nivel nacional: Borocotó, Chantecler o Daniel Félix Frascara.Ellos retrataron como pocos el crecimiento masivo del deporte argentino: fútbol, boxeo, ciclismo, atletismo, remo, turf, natación, polo. El Gráfico pasó por diferentes estadíos. Cuando el polémico Dante Panzeri tomó la dirección a fines de los cincuenta, la revista se subió al pedestal de la razón que imperaba en la lógica de su director. Pero el propio Panzeri renunció cuando la familia Vigil le exigió, en la cobertura de un clásico Boca-River en 1961, una nota a Álvaro Alsogaray, ministro de Economía, en la página tres.

Curioso el derrotero de la editorial Atlántida. Se alineó directamente con la dictadura militar en 1976. Otros productos como Gente o Para Tí fueron mas condescendientes que El Gráfico. La revista, en aquellos días de plomo, no tomó distancia editorial con el EAM 78, pero sus periodistas publicaron algunas frases épicas, como Juvenal, en 1977, que en la crónica de un Racing-Independiente publicó “En el mundo faltan dos cosas: democracia y delanteros“.  Luego de casi veinte años de Carlos Fontanarrosa como director de El Gráfico, en 1982 será Ernesto Cherquis Bialo, Robinson, quién tome la conducción. Será una revista fuertemente periodística y enfocada en los problemas del deporte. En sus páginas nacerá la Liga Nacional de Basketball, ese gran invento de León Najdudel. Se desnudarán las problemáticas de los clubes de fútbol de las provincias en relación con los viejos campeonatos nacionales. También una cobertura exhaustiva de los dramáticos hechos violentos acaecidos en nuestras canchas en la década del 80´. Pero algo cambió en 1989. Carlos Menem asumió la presidencia de la Nación. En tiempos de privatización y holdings empresariales, la familia Vigil decidió jugar a lo grande. Compró Radio Continental, la radio más escuchada en aquellos días, y se asoció con la desembarcada Telefónica. Se armaron dos focos de poder: Atlántida-Telefónica-Telefé Vs Clarín, con su hijo Artear y su socio TyC. 

La lucha se desarrolló en diferentes frentes. Editoriales, televisivos y culturales. Fue la lucha de una década. Menem le guiñó el ojo cómplice a Telefónica-Atlántida. Esa complicidad valió un notable cambio editorial para El Gráfico. Eran otros tiempos. Aldo Proietto tomó la conducción. Hombre ligado al EAM 78, no vaciló en llevar una revista de notable prestigio hacia el mundo del lobby. Cinco tapas le ofrendó El Gráfico a Carlos Menem. Dos en 1989, tres en 1995. En 1996, Clarín presentó un producto que apuntaba hacia la línea de flotación del emblema de Atlántida. Era el diario deportivo Olé. El proceso de debilitamiento se hizo palpable en 1998, cuando Atlántida vende partes de sus activos. El Gráfico pasó a las manos del enemigo: Torneos y Competencias.

El primer Gerente General de El Gráfico de TyC fue Pablo Avelluto, actual ministro de Cultura. Sin dudas, fue el responsable del vaciamiento de la revista: convirtió una marca registrada de excelentes notas y mejores fotografías, en un folleto. Le pegó tres tiros a la revista. No es casualidad que veinte años después, siendo ministro de Cultura, la revista desaparezca. En 2002, la familia Avila le firmó el primer certificado de defunción. Cambió su forma de entrega. Pasó de semanal a mensual. Lo cierto es que Torneos invisibilizó El Gráfico durante veinte años. ¿Por qué? Porque la revista fue sinónimo de excelencia, pensamiento crítico y despliegue periodistico. Todo lo que no hacen ninguno de sus productos. Los productos de Torneos-Clarín se caracterizan por su escaso relieve. Cultura de plástico ideal para pasar el deporte del ámbito popular a la cultura del entretenimiento y el espectáculo. En la lógica de los nuevos gerentes de medios, no es necesaria una revista con firmas importantes ni grandes fotografías. Importa la fuerza de un título ganchero. Nada más.

No quería escribir una crónica sentimental del pibe que fui y qué crecí leyendo la revista. Fui un lector empedernido. Se me vienen a la mente imagenes. Esperar los lunes a las ocho de la noche que el camioncito de reparto de revistas llegara al puesto de Santa Fe y Darregueyra para que don Osvaldo me diera el primer ejemplar de la revista. ¡La tapa de El Gráfico! ¡Las notas de El Gráfico! Jugaba a leer las notas y saber quién las había escrito sin haber leído la firma. Notas interesantes, medulares o llenas de color. Fuente inagotable de conocimiento e imaginación.

Cada época tiene lógica y correlato. El Gráfico acompañó al deporte argentino hasta hoy. Es lógico que ésta época de entrega cultural sea testigo de su final. Vendrán otros tiempos, seguramente más gratos. En esos tiempos volverá el gusto por la lectura, la fotografía y el análisis. Volver a emocionarse con el periodismo gráfico.

(*) Conductor de Abrí la Cancha. La Señal Fútbol. Director de xenen.com.ar

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