“¿Por qué no me tiré? Porque los goles lindos hay que mirarlos, maestro”.

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En sus casi tres décadas de trayectoria, Hugo Orlando Gatti recogió anécdotas para convertirlo en un actor central de su tiempo. Carismático y genial, el Loco fue un arquero de excepción sin moverse de su estilo: volante y achique.

En 1975, Gatti llegó a Unión de Santa Fe. Los tatengues volvían a primera y armaron un equipo sensacional: El loco en el arco, Suñé, Baudillo Jauregui, Sacconi y Barro; el León Espósito, Víctor Marchetti y Victorio Cocco; Heber Mastrágelo, Leopoldo Jacinto Luque y Tojo. El entrenador, otro inefable: Juan Carlos Lorenzo.

En la última fecha del Metropolitano 1975 se jugó el clásico santafesino en el Cementerio de los Elefantes. Colón también tenía un gran equipo: dos centrales que hicieron historia como Hugo Villaverde y Enzo Trossero. Arriba, el zurdo Carlos López, Ernesto Álvarez, José Luis Saldaño y un delantero chacabuquense que le pegaba con un caño: Hugo Coscia.

17 de agosto de 1975. Clásico ardoroso. El remate potente de Coscia. Gatti no se mueve. Golazo. Derrota de su equipo 3 a 2. En el vestuario, Lorenzo le recriminó a Gatti su falta de reacción. La respuesta de Gatti fue antológica: “¿Porque no me tiré? Porque los goles lindos hay que mirarlos, maestro”.

Al año siguiente, Gatti se vistió de xeneize junto al Heber Mastrángelo y el Chapa Suñé. Con la dirección técnica de Juan Carlos Lorenzo.

Por Carlos Aira (info@xenen.com.ar)

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