Cuando frenaron al Expreso

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En 1933, Gimnasia Esgrima La Plata quería repetir el título de 1929. Un gran equipo, donde brillaba la línea media. Las tres M: Oscar Monteñéz, José María Minella y Ángel Miguens.

A buen ritmo, Gimnasia ganó cómodamente la primera rueda del torneo. Metió resultados que asombraron a todos. Victoria 2 a 0 a Los Profesores en 1 y 57. En casa, cinco goles a Boca Juniors, cuatro a San Lorenzo y Huracán y 2 a 1 ante River Plate.

Tanta alegría en 60 y 118 no gustaba en todos lados. Los equipos grandes influían de forma determinante. Tanto es así, que eran los equipos que tenían tres votos en las votaciones de AFA. En tiempos de fraude patriótico oligárquico, un título para los platenses podía ser considerado una ofensa.

En la segunda vuelta, Gimnasia lideró el torneo hasta que enfrentó a Boca y San Lorenzo. En ambos cotejos, los triperos fueron perjudicados por los arbitrajes. Ante los xeneizes, por la 26º fecha, Gimnasia vencía 2 a 0 y perdió 3 a 2 gracias a un penal inexistente y otro tanto en evidente posición adelantada convalidada por el árbitro Ángel De Dominicis.

Pero lo sucedido en el Gasómetro fue vergonzoso. 8 de octubre de 1933. San Lorenzo y Gimnasia en un partido definitorio. Más de 50.000 hinchas colmaron el field de Avenida La Plata. El Brasileño Petronilho puso en ventaja a los locales. Antes que finalizara la etapa inicial, empató el marplatense Minella. Apenas comenzado el segundo tiempo, volvió a desnivelar el brasileño. 2 a 1. Gimnasia buscó el empate, pero apareció la figura del árbitro Alberto Rojo Miró.

A la jugada siguiente no sancionó un claro penal a favor de los platenses, dando tiro libre en el borde del área. De contra, el arquero Atilio Herrera atajó en lo alto un remate de Diego García. Mantuvo la pelota delante de la línea de gol, pero Rojo Miró cobró gol. 3 a 1 para San Lorenzo.

Luego de estos sucesos, el equipo platense inició una sentada en el campo de juego. Los jugadores de San Lorenzo convertían goles, mientras el arquero Herrera se sentó junto al poste izquierdo. Finalizado el partido, el presidente gimnasista Feliciano Diez declaró: “nos han robado el partido. Yo les temía y mis presunciones se han confirmado. Francamente, uno queda descorazonado con injusticias tan evidentes

Rojó Miró suspendió el partido cuando el marcador era de 7 a 1. Así se consumó el despojo más impune de la historia de nuestro fútbol.

Por Carlos Aira

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